Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

El lector (o de cómo se nos cae la baba cuando un hijo aprende a leer)

2016-10-22-19-55-06

De a poco. De menos a más. Tímidamente. Sin estridencias. Como todo lo que hace. Alvarito no necesita ni quiere llamar la atención. No le gusta el auto marketing.

Un día, haciéndose el distraído, caminando por la calle, eligió un cartel al azar y me dijo “mamá, ahí dice ‘chapa'”. Intenté contener el grito emocionado, pero le demostré mi entusiasmo y mi orgullo para incentivarlo. Enseguida se dio cuenta y entonces le dijo a mi mamá “abuela, esta calle se llama ‘Medrano’, lo dice ese cartel”. Mi mamá contuvo bastante menos la chochera. Entonces un poco sonrojado le dijo a Marian “papá, yo ya sé leer”.

Pasó más de un mes desde ese día, y desde entonces le dimos un montón de recursos para que pueda afianzarse. Le compramos juegos para armar palabras, le compramos libros para pequeños lectores para que disfrute descubriendo historias, compartimos con él pequeños momentos de lectura para que sienta confianza en sí mismo y termine de animarse.

Leer es un viaje de ida. La literatura me emociona. Me conmueve. Me resulta un milagro de la humanidad poder recrear un mundo completamente nuevo, o completamente igual, pero otro, o paralelo. Siempre quise hablar con los Buendía, el Principito, o los personajes de Paul Auster. Siempre quise ser un poco como el Capitán Alatriste, Pepe Carvalho, Poirot, Miss Marple… Hasta alguna vez sentí celos porque la historia de Teresa Mendoza no se me hubiera ocurrido a mí. Incluso siempre sentí que en algún lugar de mi corazón existe un universo paralelo en donde “1964” no lo escribe Borges en ese año, sino yo misma en el ’92. Siempre me imagino meditando en la rambla de Montevideo ese poema hermoso de Benedetti que seguro fue escrito para mí.

Pero la emoción desbordante que vi anoche en la cara de mi hijo cuando por primera vez pudo leer un librito entero y comprender (aprehender) la historia, su cara de “guau”, es algo que se va a quedar tatuado para siempre en mi corazón de mamá. Un nuevo mundo, uno propio, uno que él va a descifrar, uno lleno de posibilidades, se acaba de abrir para él.

Al margen: Gracias a mi amiga Flor de Abre Mundos por acompañarme en este camino y orientarme con amor y dedicación. No dejen de fijarse la belleza que tiene en su librería on line.

2016-10-12-19-55-02

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Free will

Ayer cuando llegué a casa mis Minions piqueteros me estaban esperando para ir a buscar al Doc al consultorio, como todos los lunes. Pero yo llegué un poco más tarde que de costumbre, y cuando lo chequée al Doc ya estaba llegando a casa.

Cuando les dije esto a los chicos, uno propuso ir a esperarlo a la puerta del edificio, y el otro comenzó a presionar para sentarse a la mesa y comer (la mesa ya estaba servida).

Era incompatible satisfacer el deseo de los dos. Los diez pisos de diferencia hacían ambas pretensiones mutuamente excluyentes. Tampoco me planteaba como posibilidad dividir el team porque yo acababa de llegar y quería estar con los dos.

Temí por mi sistema nervioso. Y por mi estado zen.

Así que les propuse bajar a esperar a papá a la puerta del edificio como quería uno, con los platos de comida de cada uno, como quería el otro. Win-win.

Los vecinos me miraban y no lo podían creer, pero nosotros tres la verdad estábamos tan pero tan contentos que incluso cuando llegó Marian seguimos charlando un rato más en la puerta del edificio como si nada.

Siempre me gustaron los happy endings.

2015-10-26 19.50.04

 

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Unplugged

Todo de a dos

Todo de a dos

Ya había contado acá sobre mi campaña para pasar menos tiempo smatphoneando en el tiempo que pasamos en familia. También había contado en este otro post, que esta vez cuando pensamos en recursos para viajar con nuestros niños no tuvimos en cuenta los dispositivos (teléfonos, tablets, compu) como primera opción (ni como segunda, ni tercera).

Las razones son muy personales. Entendemos que a nuestra familia el tiempo on line le resta calidad de vida. La verdad es que cuando pasamos mucho tiempo conectados, paradójicamente perdemos conexión entre nosotros. Hasta en Alvarito me puedo dar cuenta que después de mirar “videos” un rato se pone irritable y fastidioso.

Cuando pensábamos en qué llevar para sus ratos de esparcimiento o para mitigar la ansiedad y/o el aburrimiento, les pusimos un montón de cosas que sabemos que ellos disfrutan pero que no son tecnológicas.

Llevamos unas valijitas preciosas con lápices, marcadores, crayones y dibujos para colorear, juegos de letras y de números, autitos.

De los 15 días que duró el viaje, 14 no tuvimos que recurrir a la tablet. Hubo un día en que habíamos hecho (a propósito) pocos paseos y más vida “casera”, sobre el final del viaje para descansar un poco, y recién este fue el primer día que Alvarito pidió ver videos. Es decir, la anteúltima noche del viaje fue la primera vez que pidió. Por supuesto lo dejamos, total era cero grave a esa altura. Si hubiera pedido antes de ese día no sé cómo hubiera sido la cosa. Nos habíamos puesto de acuerdo en tratar de evitarlo, pero tampoco es que no hubiéramos podido flexibilizar un poco, creo yo. De todos modos es contrafáctico. La verdad es que el día que pidió, le dimos, pero porque no era grave.

Cuando buscaba cosas me di cuenta que hay miles de recursos para entretener a los chicos y pasar tiempo con ellos sin que necesariamente tengamos que conectarlos. Son decisiones.

Nosotros pudimos disfrutar un montón y no tuvimos conflicto. Eso sí, todo de a dos porque la parte de compartir no la tenemos aún taaan bien resuelta. Gerva es bastante más empático (nunca tuvo reinado individual); a Alvarito todavía le cuesta un poco “soltar”.

En casa, la regla es que los viernes y los domingos son los días en que se puede mirar “tele” (es decir, Netflix) y “videos” (es decir, Youtube). Alvarito nunca tuvo problema para aceptar las reglas claras y previsibles, así que en la semana se olvida del tema. Eso sí, el “thanks God it’s Friday” lo hace valer con creces.

En fin. Cada uno sabe lo que funciona mejor en su hogar. En casa, convivimos mejor y compartimos más si pasamos más tiempo off line.

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