Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

En tu nombre

2016-10-09-15-44-55Un año más. Juntos. Vos y yo.

Nuestros caminos siempre son uno. Vayamos por donde vayamos. Hagamos lo que hagamos. En todo momento y en todo lugar.

De todas las respuestas posibles las tuyas son mejores. De todos los lugares posibles, los que más me gustan son aquellos en donde vos estás. De todas las palabras posibles prefiero las que vos pronuncies.

Aunque a veces hagas imposible lo posible; aunque te enredes hasta el hartazgo en esas marañas desafortunadas. Siempre, siempre, siempre, dentro de todo lo posible, es mejor con vos.

Aunque mi mal humor y tosudez a veces nos compliquen. Aunque no siempre logremos hablar el mismo idioma.

“Cuando te busco no hay sitio en donde no estés”

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Por qué fui

2016-10-19-20-10-42En mi infancia y adolescencia no supe lo que era el machismo. Crecí en un matriarcado. Mi familia era una de esas en que una mujer es la que le hace frente a cualquier adversidad y logra salir adelante contra viento y marea, por sus propios medios. Mamé eso. Siempre creí que así era la vida.

Tampoco en la escuela estuve expuesta al machismo. ¿Suerte? No lo sé.

Así que no pude darme cuenta algunos años más tarde que no estaba bien tener que pedir permiso para gastar mi propio dinero. Para salir con mi propio auto. Para salir con mis amigos. Para tener amigos.

No sabía que está mal que si a pesar de “no tener permiso”, salís, te hostiguen con 30.000 llamados, te revisen el mail, te exijan que vuelvas ya mismo a casa. Tampoco sabía que no era mi culpa. Creía que sí. Que yo pretendía ser demasiado independiente. Que hay que cuidar al marido. Que no hay que hacerlo enojar. Sólo que yo había venido fallada y no lograba comportarme como una señorita bien.

No lograba entender que no es un castigo válido que te dejen varada en un aeropuerto, que literalmente no te dirijan la palabra por 3 semanas, o que muchas veces te hagan bajar de tu propio auto por no aceptar las reglas. Porque era yo la que siempre había tenido problemas para aceptar las reglas.

Creía que era idiota por no dedicar ni 3 minutos por semana a las tareas del hogar. Por no hacer un esfuerzo para aprender a cocinar. Por empezar un posgrado al terminar el grado, y por empezar una especialización al terminar el posgrado, y por empezar una maestría al terminar la especialización. El problema era yo, que tenía intereses inapropiados, o una vida equivocada.

Con los muchos amigos que, gracias a Dios, conservé de esa época, y con los que más tarde recuperé, siento vergüenza. Innegable. Insoslayable. Inevitable.

A los que vieron lo que pasaba, a los que quisieron ayudarme y no los dejé, a los que finalmente lograron ayudarme, les estoy agradecida. Para siempre. Pero también siento vergüenza.

Hasta que algo cambió el 3 de junio de 2015.

En ese momento tuve una epifanía. Hasta ese día creía que había vivido una relación que había fracasado. Y que había fracasado porque yo la había hecho fracasar. Y que por eso no había tenido derecho a reclamar ningún derecho. Y que justamente por eso había merecido volver a empezar literalmente de cero. Con nada.

Ese día de golpe entendí que no. Que el problema no había sido yo. Que había vivido un ambiente hostil, sí. Pero no por mi culpa. Nada de lo que yo haya hecho o dejado de hacer justificaba nada de lo que había vivido.

No había una vez un buen tipo que había encontrado una chica mala y había fracasado en su intento de encaminarla. Había una vez un mal tipo que había querido por todos los medios doblegar a una chica independiente y autosuficiente que lo quería. Había una vez un pusilánime que a cada intento fallido redoblaba la intensidad hasta que la chica dijo basta porque no podía más vivir así.

Ayer fue mi cumpleaños. Cuarenta y uno. Muchos años pasaron de aquella época. Muchas cosas logré y mucho cambié mi vida. Hoy sigo sintiendo vergüenza, pero el 3 de junio del 2015 comencé a entender.

Por eso fui ayer. A pesar de la lluvia, a pesar de que todavía tenía pendiente un compromiso laboral, a pesar de mi cumple, a pesar de que mis hijos estaban en casa esperándome a mí, a pesar de que iba a venir familia a mi casa a festejar mi cumple, y a pesar de que todavía sigo sintiendo que el problema pude haber sido yo.

Fui porque todavía necesito que me sigan demostrando que no.

 

 

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Happy endings

2015-12-06 21.11.30Puedo decir que el 2015 fue complejo. Complejo de esas mil maneras en que la trama va tapando lo profundo y por momentos se hace difícil sentir que puede haber manera de salir adelante. En la forma clásica de introducción – nudo – desenlace, típicamente el 2015 va llegando a su fin literal y simbólicamente hablando. Enhorabuena.

Sé que hay toda una movida en contra de los finales felices y gente comiendo perdices, pero, señores, lo siento. Hoy vengo a hablar de cómo logramos transformar nuestro día a día para contener y contenernos.

No nos fue fácil. Nada lo es porque nunca elegimos los caminos más simples. No está en nuestra naturaleza. Agradezco que hayamos tenido la capacidad de buscar ayuda a tiempo y de corregir una y mil veces sobre la marcha.

Y acá estamos. Lo más hermoso que recibimos fue el feedback de las maestras de mis niños: más allá de los logros concretos, cada una destacó que el rasgo más sobresaliente es una sólida confianza en sí mismos. Que hayamos podido acompañarlos para que consigan semejante tesoro nos llena de satisfacción. Que sepamos estar con ellos y fortalecerlos para que puedan desarrollar su personalidad en todo su esplendor y de forma independiente es algo que nos propusimos deliberadamente. Y que lo estén logrando nos emociona.

Nosotros, como siempre, seguimos construyendo para sentirnos más seguros de nosotros mismos y con menos temor, como bien dijo una vez mi coequiper.

“You gotta be bad, you gotta be bold, you gotta be wiser
You gotta be hard, you gotta be tough, you gotta be stronger
You gotta be cool, you gotta be calm, you gotta stay together
All I know, all I know, love will save the day”

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