Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Hola, madres del siglo

Había escrito sobre este tema hace un par de días, pero a decir verdad le faltaba “una vuelta” y no había quedado satisfecha.

Hasta que esta mañana en el subte una vieja me hizo el favor de ayudarme con el guión (vieja: dícese de la persona del sexo femenino, usualmente entrada en años pero no necesariamente, resentida, agresiva y envidiosa, típico prototipo de chusma de barrio).

La “cultura” popular está impregnada de una infinidad de lugares comunes. Y en relación con el embarazo y la maternidad, ni hablar. Nuestras principales detractoras somos nosotras mismas.

Una vez conté lo que me pasa con las que cursaron la Licenciatura en Madre del Siglo y se auto-dieron el diploma (acá). Hoy quiero hablar de la Maestría. Me está pasando últimamente que más de una me dice “Ah, ya vas a ver cómo se complica todo con dos. No te creas que te va a seguir resultando todo tan fácil”. O esta: “Vamos a ver si Alvarito que es tan santito se porta tan bien cuando nazca el hermano”.

Cuando este embarazo no estaba ni siquiera planeado, alguien me dijo: “No cantes victoria. Un sólo hijo no tiene nada que ver con el laburo que te dan dos o tres. Mirame a mí”.

Esta mañana subí al subte después de dejar a Alvarito en el kinder, y como últimamente estoy desarrollando una capacidad de hacer que el prójimo se duerma en su asiento con sólo verme, pedí si por favor alguien podía cederme un lugar. Normalmente la cosa termina ahí, el “dormido” sigue “dormido”, y alguno o alguna de al lado resignado con cara de traste se tiene que levantar muy a pesar suyo. Pero calladito la boca.

Hoy la historia fue diferente. La chica que estaba en el asiento de la puerta se levantó, me pidió disculpas, guardó su libro y chau picho. Pero al lado había una de estas viejas que comenzó a hablarle a esta chica. Sigue una transcripción casi literal porque la iba reproduciendo en tiempo real en mi cuenta twitter.

“No te preocupes, querida, enseguida bajo. Vení, quedate cerca. Es una vergüenza que te hayas tenido que levantar. Yo no sé a dónde quieren llegar con esa actitud. Yo tuve 5 hijos, jamás pedí un asiento y trabajé hasta el último día. Y no esos trabajos de ahora con computadora. Antes trabajábamos más, y que ni se te ocurriera quejarte porque te ponían de patitas en la calle. Pero ahora a estas atrevidas no podés ni tocarlas. Ahora se quedan en cama desde el primer día y viven pidiendo privilegios. Cinco hijos crié, no como ahora que con uno se hacen las víctimas….”.

No me interesa en este punto marcar ninguna diferencia ni distinción en lo que a mí respecta porque no viene al caso. Lo que quiero remarcar es el absurdo del discurso de la señora vieja.

Ahora, en serio, lo que más me preocupa no es esta pobre tipa, que a esta altura de su vida ya era inimputable. Era como esas abuelas que van por la vida con el dedito acusador disparando al primer objetivo que se les cruce. Lo peor es lo que contaba al principio: no es exclusividad de la edad. No necesariamente las viejas reventadas tienen muchos años. Las otras escenas que conté involucran a personas de mi generación.

Más hijos no las hacen mejores mamás, chicas. Lo que las hace mejores mamás es que sean mejores personas. Pienso en qué tipo de mamás queremos ser, si permanentemente estamos criticando, marcando diferencias, creyéndonos superiores o simplemente menospreciando el maternar ajeno.

Nuestros hijos nos ven, nos escuchan, nos perciben. Serán lo que deban ser, o serán como nosotros.

“Todo el mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos… Cuando lo que debería pensar es en dejar mejores hijos para el planeta”.

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