Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Mi primera lección de cepillado

Quería agradecerle a Lü por haberme vuelto a invitar a compartir este espacio con un contenido relacionado a la educación para la salud en niños. A mi entender, es un concepto que deberíamos tener en cuenta desde el mismo nacimiento.

Evitar que nuestros hijos se enfermen y sufran son preocupaciones que todos los padres compartimos.

Las caries dentales provocan daños irreversibles en las estructuras dentarias, causan dolor y pueden llegar a derivar en infecciones.

Como ya escribí en alguna otra entrada, resulta que los padres somos los responsables exclusivos de que nuestros niños las padezcan en la dentición temporaria (de leche) y en la permanente también.

Los hábitos (buenos o malos) no nacen con nosotros, sino que los formamos a fuerza de repeticiones. Fomentarles los que son naturales a nuestros hijos también es nuestra responsabilidad como educadores entonces.

Hoy voy a extenderme sobre algunas pequeñas medidas que podemos (y debemos) tomar para mejorar la conducta dental de nuestros hijos:

1-      Incorporarles el cepillado de dientes a la rutina de higiene diaria (baño y lavado de cabeza) ni bien erupciona su primer diente a los 6 meses aproximadamente.  El cepillo-dedal es cómodo para esta práctica.

2-      Mostrarles cuando nos cepillamos los dientes. A los niños les gusta vernos e imitarnos haciendo lo mismo que nosotros y verán nuestro hábito de manera natural.

3-      Comprarles un cepillo similar al nuestro, pero en formato más pequeño y en su color favorito.

4-      Jugar con ellos en torno al cepillado con canciones. Existen aplicaciones para teléfonos móviles que ayudan en la enseñanza. Mientras no hayan desarrollado la motricidad fina, la higiene real debe estar a nuestro cargo.

5-      Llevarlos a nuestra consulta odontológica como acompañantes para que nos vean interactuar con el profesional a cargo. El hecho de vernos con una actitud relajada los ayudará.

6-      Durante el camino de ida contarles qué es lo que van a ver y hacer. Traten de llegar unos minutos antes de lo pactado para darles tiempo a que se familiaricen con el lugar y puedan conversar un poco con las asistentes y otros pacientes en la sala de espera.

7-      Mostrarles y contarles de qué se tratan los procedimientos de limpieza. Dejarlos y fomentarlos a que interactúen preguntando o tocando (en la medida de lo posible) lo que quieran.

8-      Si quieren y se dejan, hacerles una revisión rápida que puede incluir un paseo en la silla, contar sus dientes y verse en los espejitos bucales. Si no, respetar su decisión y no forzarlos. La idea es que se lleven una experiencia positiva.

9-      Armar un programa que incluya un premio no azucarado (un tostado, un paquete de papas fritas u otro) luego de terminada la visita.

10-   Aprovechar los días subsiguientes para trabajar sobre las tareas y los conceptos incorporados.

A priori, parecería que sólo requiere un poquito de actitud y otro tanto de esfuerzo.

Quién dijo que sería fácil?

Mariano (@drmorgante)

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The importance of being mother

De mi mamá aprendí a ser autosuficiente. Es la segunda derivada del orgullo, que heredé de mi mamá Y de mi papá. Todo está encerrado en mi código genético.

Por lo tanto, desde que nació el campeón tenemos toda una estructura montada que me permite no tener que recurrir a nadie… Casi nunca.

Hubo un par de situaciones… Un par.

El día de la madre al Doc y a mí nos tocaba coordinar un bautismo en nuestra parroquia, así que el festejo fue en casa y mamá y mi hermana quedaron cuidando al niño un rato después del almuerzo.

Luego hubo otro domingo que coordinamos bautismo y mi hermana nos volvió a dar una mano.

Después me solté un toque, y en noviembre mi más íntima amiga tuvo la oportunidad de darme una mano, aunque, confieso, con nanny incluida. Y esta semana que pasó, realmente se puso a prueba mi orgullo.

Tenía pediatra, ronda de negocios internacional, reunión en mi oficina… Es decir, ni mi disfraz de holograma me podía ayudar con semejante megalombo de agenda.
Claramente, con o sin nanny, necesitaba ayuda.

Y entonces, una vez más, mi amiga estaba ahí para salvarme. Cuento esto porque nunca fui una persona con la que se pudiera contar para nada relacionado con el baby-sitting.

Y, claramente, nunca jamás en la vida, mi hermana, a quien amo, me ama, y cuyos hijos adoro, osó pedirme cosa semejante a cuidarle los nenes.

Lo que quiero decir es que, en mí, hay un claro «antes y después» relacionado con el registro de otredad. Ni mejor ni peor: sólo diferente.

Hoy comprendo mejor la importancia de una red de seguridad. Hoy, quizás, tal vez, a lo mejor, mi hermana o la Sole puedan contar conmigo para cubrirlas con su descendencia.

Es lo que las mamás hacemos, no?

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Fugit tempus

Es época de balances. Es inevitable. Llega esta altura del año y siempre quiero sacar la foto de cómo lo estoy terminando.

En lo personal, creo que no hay mucho más que pedir. Trabajé sin parar, me dediqué fervorosamente a mi niño, administré mi hogar e invertí en seguir enriqueciendo la vida junto al Doc. Pude hacerlo, que no es poco, y doy gracias por ello.

Como profesional algunos de mis sombreros me quedaron mejor que otros. No son tiempos fáciles y todo cuesta mucho esfuerzo, pero puedo decir que hice todo lo que estuvo a mi alcance para sostener en buenas condiciones todo lo que depende de mí. Tampoco es poco, y también doy gracias.

Como mujer puedo decir que amé, reí, lloré, grité, pelée, elegí mis batallas, renuncié a otras… Todo lo que se supone que incluye este combo que es la vida. Ya lo dijo la gran Agatha: «Life is a battlefield, not a picnic«.

Hay algo que pude vivir permanentemente en la piel: el tiempo pasa. No como una cita berreta. Pasa, en serio. Cuando nació mi nene todos me decían «Disfrutalo, pasa rápido». De hecho ayer todavía alguien me lo dijo. ¡Y es cierto!

Lo más espectacular que presencié este año es la velocidad de la luz a la que se van transformando cada una de las moléculas de mi hijo para ser cada día uno diferente, mayor, mejor. Esa plena conciencia de que cada minuto que pasa no vuelve más es lo que me dio la pauta de cómo disfrutar mejor de mí, de mi hijo, de mi familia, de mi trabajo y de mi vida. De una forma indescriptible. Cuando todos lo decían, al principio parecía un re lugar común. Casi que el comentario me aburría. Pero ahora ya sé a qué se referían.

En muchos de mis roles tengo mucho por trabajar todavía, como todos nosotros: podría ser una mejor mamá, mejor esposa, mejor amiga, mejor hija, mejor hermana, mejor tía, mejor cuñada, mejor compañera. mejor emprendedora, mejor diseñadora, mejor empresaria, mejor economista, mejor jefa, mejor subordinada, mejor colega. Podría. Debería.

La buena noticia es que si Dios quiere los próximos 365 días los voy a poder dedicar a empeñarme en lograrlo.

Así, que sí: el tiempo pasa. Y está de mi lado.

Que tengamos todos un 2013 resplandeciente.

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