Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

No me peguen, soy mamá

Siento una fuerte necesidad de hacer la biopsia de un tema que me genera ansiedad. En los 11 meses de vida de Alvarito, soy observador omnisciente de un fenómeno que me tiene como protagonista.

No me pasa a mí, a Luciana, a la persona valiente y atropellada que soy (?). Esto le está pasando a la Luciana que es mamá de Alvaro.

Desde que Alvaro nació, no soporto la idea de que algún día pueda faltarle su mamá. Que su mami pueda no estar, es una posibilidad que me roba el sueño.

No consigo, ni concibo, asumir riesgos (físicos). Pero desde un lugar casi irracional.

Dejé de cruzar la calle como el traste, se me dio por visitar a mi médico de cabecera para un chequeo preventivo, manejo a velocidad más que prudente (¡justo yo!). Sin ánimo de meterme a hablar de política, sufro cuando vuelvo tarde a casa, cuando transito lugares no del todo seguros hiperventilo (casi literalmente). Parece como si fuera la versión a la menos uno del típico “a mí no me va a pasar”.

Algunas situaciones pueden parecer cambios de conducta razonables, y hasta científicamente este proceso es lo que suele denominarse madurez. Pero, a decir verdad, me cuestiono la razón íntima y profunda que explica semejante shock de responsabilidad exagerada.

Y no hablo de la actitud de esas personas que uno ve rasgarse las vestiduras por ponerse en la pose de lo visiblemente correcto. Trato de ser lo más honesta posible con todos los procesos de transformación que vive mi personalidad, e intento permitirme burlarme de mí misma. No; no es eso.

Me refiero a lo exagerado del proceso. Me refiero a que, por ejemplo, deportista como soy y siempre fui, “no me animo” a ir al microcentro en bici (¡son sólo 40 cuadras!) por miedo a que me pase algo.

Todo esto me disparó ese caso que se conoció hace poquito, sobre la chica embarazada que no quiso recibir un tratamiento contra cáncer de lengua, para proteger a su bebé. No me puedo imaginar lo que debe ser tomar semejante decisión, pero una vez que entendí el sentido de lo que había pasado, me quedé pensando un poquito más allá, y se me dispararon todos estos fantasmas que les contaba antes.

Debe estar escrito en el ADN de cada madre amante, dejar de sufrir por sí misma y ponerse en función de ese otro ser que nos pide nuestros cuidados.

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