Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Alive & kicking

No me morí. No me tragó un cráter volcánico. Y (permítaseme el humor negro) no estuve ni cerca de la tormenta de los últimos días.

Estamos de vacaciones. En familia, por supuesto.

Prometo contar nuestras andanzas prontito (seguramente a nuestro regreso).

cerrado-por-vacaciones

 

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(In)cultura urbana

Dentro de todas las situaciones nuevas con que me voy encontrando desde mi (nueva) condición de mamá, algunas son felices, otras no tanto, y otras son lisa y llanamente desagradables.

Esta última categoría es la que inspira mi post de hoy.

Caminata

Más o menos desde el primer mes de vida de mi bebé, adoptamos la costumbre de salir a dar paseos con su cochecito, prácticamente todos los días. A mí me hace bien porque me despejo un poco y adopto una sana costumbre (¡me encanta caminar!), y está bueno para él porque cortamos un poco con el encierro del departamento y le permitimos recibir estímulos tempranos que contribuyen a su desarrollo.
Hasta acá todo muy lindo. El problema son las callecitas de Buenos Aires, que tienen ese no sé qué:

–          Veredas rotas. Todas.

–          Semáforos que no andan. Muchos.

–          Ciudadanos malintencionados que estacionan sus vehículos sin respetar la senda peatonal ni la rampa para discapacitados.

–          Gente que se pasea con sus perros dejando las veredas regadas de todo tipo de decoración, sin mencionar la cantidad de irresponsables que andan con sus tremendos perrotes sin ningún tipo de correa bozal, ni nada de lo que exige la ley.

Honestamente, el tema veredas rotas y semáforos descompuestos ya me tiene resignada. Uno se da cuenta de la verdadera gravedad cuando se encuentra en situación especialmente vulnerable (salir a pasear con mi bebé, me hace sentirme así).

Pero al tema de respetar las sendas peatonales y rampas, todavía no me adapto. Y vivo peleándome con taxistas que las usan para ascenso y descenso. Además, ya hice unas cuantas denuncias contra autos estacionados obstruyendo las rampas y/o las sendas peatonales (por suerte hay un procedimiento que permite, con todos los datos completos, canalizar la denuncia por correo electrónico).

Tema perros, me da asco y pánico. Me indigna la arbitrariedad con que los dueños deciden si sus perros son o no peligrosos. Hay una ley, la misma estipula claramente las condiciones, y nadie la cumple. En mi barrio hay un rottweiler y un ovejero alemán que, si se cumpliera la ley, no tendrían por qué andar sueltos. Y la verdad es que no tengo ganas de arriesgarme a que un día se rayen y salten encima de mi bebé. No debería ser yo quien se pelee con estos dos dueños maleducados.

¿Seré la única que sufre por estas cosas, o será que ya estamos muy acostumbrados a que todo el mundo haga la suya sin pensar en nadie más? Y noten que ni hablé en detalle de los problemas (obvios) que genera encontrarse con las veredas regadas de mugre sanitaria. “Tu perro, tu caca”.

Me pregunto cuándo será el día en que empecemos a respetarnos todos, comenzando por las pequeñas cosas cotidianas.

You may say I’m a dreamer” (John Lennon)

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Vamos de paseo pi pi pi

Nos encanta pasear. Alvarito ya va entendiendo de qué va la vida con nosotros, y se copa.

Uno de los paseos que más nos gusta son los museos. Lejos, al tope del ranking están los de arte. También nos gustan los de diseño, los de arqueología y los de ciencias naturales.

Ya veremos con cuáles se engancha más Alvarito. De momento, disfruta mucho mirar todo con esos dos grandes ojazos que tiene.

Hace algunas semanas nos pasó algo medio indignante. Fuimos a ver una exposición de diseño industrial en el MAMbA, y cuando bajábamos en el ascensor una de las señoras de seguridad mira fijamente a Alvarito y le dice: “¡Cómo te vas a aburrir!”.

Si se equivocaba o no, no viene al caso. Lo cierto es que sí se equivocaba. Pero, entienda o no, ¿cómo se le ocurre decirle algo así a un niño? ¿Les dirá lo mismo a los que sí entienden?

Quizás exagero, pero bueno, vuelvo al tema museos.

Otro museo al que ya pudimos ir con Alvarito es la Colección de Arte Amalia Fortabat. La verdad, es un placer. La colección es increíble, y el lugar es perfecto. Tengo sólo una crítica: me hubiera gustado encontrar un gift shop que esté a la altura de lo que es el museo.

Lo que más me gustó: los retratos que Berni hizo de la familia.

Tenemos en carpeta para próximas visitas con el niño: el Malba y el Museo Nacional de Bellas Artes. Ya les contaré.

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