Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Carta al padre de mis hijos

Hoy es tu día, y como nuestros hijos no pueden decirte todavía lo que sienten por vos, voy a intentar hablar por ellos y a través de ellos. No es lo mismo, es incompleto e imperfecto, pero por ahora es lo que hay.

Todavía recuerdo cuando nos pusimos de acuerdo en empezar a buscar a nuestro primer hijo. Que sí, que no, que sí, que no. Hasta ese día, ambos gritábamos a los cuatro vientos que teníamos cero interés en reproducirnos. Nos jactábamos de pertenecer al selecto grupo de los DINKs y no queríamos modificar nuestro estado de cosas. Para qué cambiar una vida tan feliz, nos mentíamos mutuamente.

Y ahí estábamos algún tiempo más tarde, con las dos rayitas en la mano, muertos de emoción.

También recuerdo el viernes a la tarde en que te llamé y te dije que no estaba segura pero que me parecía que había roto bolsa. A los cinco minutos estabas en casa, confesando que no habías podido sacarte de encima a tu papá (a pesar de que nos habíamos jurado mutuamente ir solos al sanatorio). Y cuando a las 22.05 de ese 16 de septiembre nos convertimos en papás, recuerdo que tu voz y tus manos temblorosas no sabían cómo hacer para transmitirme tu alegría.

Pasamos unas noches perfectas internados, con una alegría que nos desbordaba, y rodeados durante esos días de todos los cientos de personas que vinieron a compartir con nosotros semejante momento.

A partir de que llegamos a casa siendo tres, día a día fuiste aprendiendo a convertirte en el mejor papá posible para Alvarito, que te quiere con toda su alma y que hace brillar su rostro en todo su esplendor con sólo verte llegar. No voy a hacer un relato de todas las tareas y actividades que comparten, porque sería simplificar en extremo tu rol de papá. Sí te voy a decir que todo lo que hacés lo hacés como nadie más podría hacerlo (ni yo misma, porque ciertamente lo haría de otro modo jajajaja).

También evoco el momento en que nos animamos a planear un nuevo integrante. Analizamos, calculamos y planificamos. Y las cosas nos salieron con la exactitud de la que sólo nosotros somos capaces.

Esta vez no te dio la cara para decirme «no creo que eso sean dos rayitas» cuando te mostré el test. Y este segundo embarazo nos encuentra en otro lugar (una vez dijiste, en otro contexto, «más seguros de nosotros mismos y con menos temor»). Ya hemos pasado de todo. Hasta creímos que estábamos en el peor de los escenarios, y pudimos superar el mal momento.

Y acá estamos, festejando un nuevo Día del Padre, rezando como siempre para que todo esté bien, para que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes, para que logremos transformarlos cada día en mejores personas, para mantenernos siempre todos unidos.

Trabajando neurosis, ansiedades, nerviosismos, presiones y obsesiones. Somos otros, y somos los mismos. Sos el papá que mis hijos siempre van a amar y admirar incondicionalmente.

«Sometimes, all I need is the air that I breathe and to love you» (Hollies)

Anuncio publicitario
11 comentarios »

Él

El compañero de viaje, el business partner, el ying cuando yo soy yang, y el yang cuando yo soy ying. El amigo fiel, el enemigo incompleto.

Él, que no sabe decir que no pero todo (TODO) me lo discute. El que siempre dice «no creo» aunque le esté explicando / demostrando la verdad más evidente.

Él, que nunca me va a dar la razón, pero calladito se va a dar cuenta si estoy en lo cierto. Y calladito va a cerrar el tema si no lo estoy y me puse terca.

Que se aguanta el «ritmo despiadado de mi mal humor». Que soporta estoicamente embarazo, puerperio, anti-puerperio, post-puerperio y pre-puerperio.

Que en uno de sus días grises me puede hacer la vida verdaderamente imposible, pero tiene menos (muchos menos) días grises que yo.

Él, que cuando estamos peleando juntos una batalla, si aún teniendo razón, descubre que se nos está yendo la mano, se baja a tiempo. Y amable y dulcemente me invita a bajarme también. Sin éxito, claro, porque si algo sé es pelear batallas.

Él, que no sabe pedir perdón. Pero que a mí, después de capear la tormenta, cuando le pido perdón humildemente (porque yo sí sé pedir perdón), siempre me dice «No importa. ya pasó».

Que no logra sentirse embarazado hasta que yo no tenga panza, pero sabe que lo necesito, porque estoy cansada, porque aunque me sienta muy bien mi organismo está estresado. Que redobla esfuerzos. Que se ocupa de todo. Que me cubre en lo que yo dejo de hacer. Que no se queja. Que se aguanta incluso que yo lo rete por hacer todo lo que hace de manera distinta a como yo lo haría.

Que nunca me manda a donde debería mandarme. Y se deja mandar a donde yo quiera mandarlo. Con altura, con nobleza. Sabiendo que no se lo merece, pero que ya se me va a pasar. Y que voy a pedirle perdón.

El papá perfecto para mi hijo. El papá perfecto para mis hijos. Ese es él.

2013-04-03 16.01.20

17 comentarios »

Daddy’s boy

El otro día alguien le dijo a Marian: «Acordate lo que te digo: vos no existís. Para él sólo existe la madre». La verdad, me quedé pensando en que no se me ocurre nada más lejos de la realidad.

Y no somos lo únicos. Últimamente mucho se está escribiendo al respecto: hay una nueva forma de llevar la paternidad.

Marian no me ayuda, no toma prestado mi lugar, no colabora conmigo… Marian no hace nada de eso. Marian tiene un lugar propio, que él mismo construye, alimenta y hace crecer cada día. Tiene sus propias actividades y sus tareas, y recrea con Alvarito un espacio que es de ellos.

Marian no es un colaborador mío… Nosotros somos un equipo.

De esta manera, la relación que tiene con Alvarito es maravillosa. Juegan, se dan besos, comparten momentos y tienen un lenguaje en común que van construyendo día a día. Álvaro jamás hace diferencias entre mamá y papá. Para él cualquiera de nosotros dos es un lugar seguro, una fuente amor y contención.

La importancia de la figura paterna está más que explorada, y la naturaleza del vínculo tiene tantos enfoques que intentar una sinopsis sería una tarea inabarcable. Pero definitivamente lo que nosotros vivimos es lo que más nos representa para el modelo de familia que queremos construir.

Cada vez son más, por suerte, y gracias a esta «tendencia» vamos derribando el mito del macho americano.

No es más macho quien nunca ha cambiado los pañales de su bebé, quien no calienta mamaderas, ni quien no permita que su hijo varón dé y reciba besos. Quien entienda esto, tiene la puerta de entrada habilitada para un nuevo modelo de masculinidad que con suerte va poder ir desterrando desde la raíz todos los problemas de violencia de género.

Estoy absolutamente convencida: en un futuro, no se me ocurre que Álvaro pueda tratar a una mujer con violencia, desprecio, complejo de superioridad. Simplemente porque no sabe qué es eso. Simplemente porque no lo vio en casa, ni lo verá jamás.

Esto es lo que desde nuestro humilde lugar podemos aportar como granito de arena para intentar combatir la violencia contra la mujer en todas sus formas. Esto es lo que podemos hacer para que todas las Susanas Trimarco de este mundo no tengan razón de ser.

Mientras tanto, celebro la lucha de esta GRAN MUJER, con todo lo que implicaría que finalmente obtenga el Premio Nobel de la Paz. Y le deseo la Paz que merece. Aprovecho, y digo NO A LA TRATA.

1 Comentario »

A %d blogueros les gusta esto: