Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Preguntale a Norma

Un intercambio que tuve en estos días por un tema que necesito sacar adelante me disparó este planteo: ¿Por qué tendemos a quedarnos “más tranquilos” si logramos encajar a nuestros hijos en los parámetros de normalidad? ¿Quién diseñó esos parámetros?

Los que tenemos formación cuantitativa, tendemos a querer encajar todo en su bucket, y cuando nos convertimos en padres tendemos, al menos yo, a hacer lo mismo. Razones hay muchas, pero la más plausible que encuentro, aplicable a mí por lo menos, es justamente que me sentiría más tranquila.

Ya se dijo varias veces que las escuelas son una forma de estandarización, y en ese caso mi protesta está mucho más clara porque es un tema que tengo más racionalizado.

Pero cuando entro en el día a día, cuando no estoy todo el tiempo cuestionándome cada una de las decisiones y actitudes que adopto, me doy cuenta de que caigo en mi propia trampa.

En los hechos, esto se traduce en que al pobre Alvarito lo debo estar volviendo loco con las comidas horribles que pretendo que incorpore. Me grita, como diciéndome “¡Dejame en paz, mami! Vos, tu pediatra estrella, y tu curva de crecimiento me tienen re podrido».

Y en este minuto que me siento a escribir sobre este problema es que me doy cuenta de lo feliz que debería hacerme que el niño sepa defenderse si le quieren imponer cosas que no le gustan.

Acá es donde aflora la diseñadora que vive en mí: ¡Viva la libertad! Quiero dejar de intentar imponerle a mi bebé todas las cosas que figuran en mi estricto decálogo de la buena madre. Quiero dejar de pretender que mi hijo sea normal, para poder permitirle ser único.

Porque él, lo vale.

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