Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Clase abierta

2014-11-18 15.31.03Ayer hubo clase abierta de Educación Física en el jardín de Alvarito. Obviamente para poder estar tuve que hacer malabares y disfrazarme de holograma, pero realmente quise hacer todo lo posible por acompañar a mi pequeño en este momento porque recordé la alegría que yo sentía aquellos (pocos) días en que mi mamá podía participar de nuestros eventos escolares.

Estos pequeños son unos personajes. Estaban con sus amiguitos completamente ordenados y acatando consignas, y prestando atención para hacer las cosas bien. Sus caritas de felicidad cuando nos vieron a mamás y papás estar ahí para ellos es impagable.

Me quedo con algo: no pasó como otras veces que Alvarito buscara ansioso temeroso de que yo no estuviera. Sé que él sabía que yo iba a estar, y lo que hacía era buscarme para ubicarme en la multitud de mamás ansiosas y babosas.

Disfrutó, se divirtió, me aprovechó ahí adentro sin sufrir esa ansiedad que tenía el año pasado, porque sabe que de una u otra manera nosotros estamos.

Demandó tiempo, es una construcción, pero eso es en definitiva lo que quiero que él viva.

Me emocionó sentir que mi hijo sabe que no está solo. Que ya no siente esa ansiedad. Que se siente acompañado. Que sabe que mamá y papá trabajan pero que están siempre con él.

Como broche de oro cuando llegamos a casa corrió a abrazar a su hermanito y le dijo “te quiero mucho, Queca”.

Tocó anochecer de un día perfecto.

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Cien veces ‘no puedo’

descargaMe gusta el ritmo de vida que llevo. Me gusta mi trabajo, me gusta ser mamá full time aun trabajando full time, me gusta hacer actividades extra. Me gusta lo que hago. Pero a veces, una vez al año más o menos, siento que mi cuerpo y mi mente me piden que pare la moto.

Entonces me doy cuenta: no puedo. Soy rehén de mi propia vida. No es que sea imprescindible, desde ya. Se puede prescindir de mí. Pero mientras yo esté tengo que ocuparme de todo lo que tengo que ocuparme.

Cada día de mi vida es un cronómetro perfecto que funciona con exactitud suiza, y no me da margen. No es que me queje, porque es lo que elijo, pero siento el conflicto de estar arrastrando a mi familia a un ritmo febril.

Alvarito no para un minuto. Tiene horarios desde que se levanta hasta que se va a dormir, hace cien mil cosas y en los albores de sus tres años tiene una agenda mucho más nutrida que muchos adultos.

Es el tiempo en que vivimos, me digo y me repito. Pero ese único día al año en que quisiera parar, quisiera arrastrarlo también a él a mi parate.

Pero no puedo. Quisiera, pero no puedo.

Esto me conflictúa porque hoy crecí. Crecí de golpe. Me golpeó la realidad con la partida de alguien que estuvo presente en cada etapa de mi vida. Hasta hace cuatro años cada momento trágico y cada etapa de resplandor estuvo y estará para siempre marcada por alguna de sus canciones. Hoy somos toda una generación que le dice adiós para siempre a la infancia y a la adolescencia. A la inmadurez. De golpe me enfrento a mi propia adultez. A la certeza de lo que no vuelve. A lo implacable del tiempo.

Demasiado metafísico es lo que estoy diciendo, pero sentí fuerte el golpe en la nuca.

Poder decir adiós es crecer.

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Chau soledad

A veces la extraño. A veces la necesito.

Es un hecho; es cierto lo que dicen: una vez que nacen tus hijos ya no estarás sola nunca más. Para bien y para mal. No soy un bicho gregario, así que no es esa la razón por la que tuve hijos. No necesito compañía, de hecho prefiero la soledad. No si se trata de ellos claro está. No si se trata del Doc, por supuesto. Pero para todo lo demás elijo la paz y la tranquilidad de mis silencios. Vivo muy acelerada, laburo todo el día y cuando vuelvo ellos me están esperando, así que un baño de inmersión, música linda, una cervecita o un gin tonic, un libro son mi paraíso personal y privado.

Pequeños grandes placeres que son cada vez más esporádicos desde que nacieron los principitos.

Pero hay. Se me dan. Y de pronto hay veces que no sé qué hacer con tanta libertad. Porque se me olvida. Porque a veces no recuerdo cuáles eran mis pendientes.

Escribo esto con los nenitos dormidos y el Doc salió. No es de noche y es sábado (de noche en día de semana esto no es raro pero yo ya estoy cansada y no aprovecho nada).

Y no puedo creer cuánto tardé en darme cuenta de lo que necesitaba. Me compré on line el último disco de Sir Paul, que hacía mil años que quería escuchar. Y me senté a escribir sin apuro y sin presiones, que es algo que me encanta. Y terminé el libro que estaba leyendo, que es otra de mis adicciones.

Así que voy a comenzar la lista de las cosas que tengo que hacer cuando se me dan estos momentos. Para consulta permanente. Si alguien se quiere sumar, feel free.

  1. Próximos discos en iTunes: el de Bowie y el de IKV.
  2. Conseguir la peli del libro The fault in our stars (tengo un post en el horno sobre lo que me pasó con este libro).
  3. Tener naranjas en la heladera para mi trago favorito.
  4. Escribir sobre el día que me reencontré con mi mamá.
  5. Darme un baño de inmersión con mi esencia favorita.
  6. Aromatizar el ambiente con mi mezcla de aceites preferida.
  7. Cambiarme el esmalte de uñas (léase, aprender a hacerlo).
  8. Revisar mi vestidor buscando prendas vintage.
  9. Llamar a mis amigas, las que están cerca.
  10. Escribirles a las que están lejos.
  11. Stalkear gente en redes sociales, por qué no.
  12. Bucear por Mercado Libre, ebay, Amazon y bajalibros. Y por iTunes, desde ya.
  13. Terminar la temporada 6 de Mad Men (pero no muy rápido porque todavía no está disponible la 7).
  14. Decidirme a ver GOT. Reconciliarme con Orange is the new black.
  15. Planificar el próximo viaje.
  16. Hacer la tarea de alemán.
  17. Leer La Torre.

¿Quién se suma?

estatua-libertad

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