Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Y que me parta un rayo…

Gracias a Dios tengo buena salud. Salvo un episodio gravísimo de riñón hace algunos años (ya superado), se puede decir que mi cuerpo se la re banca, a pesar de haberlo sometido a castigos inmerecidos en mis años mozos.

Es por eso que en mi casa un día mío en cama es todo un acontecimiento, y nunca había habido uno desde el nacimiento de Alvarito. Hasta ahora.

Me intoxiqué. Malamente. Rara vez como carne, y mucho menos si no se parece a las suelas de mis zapatos. Pero este día terminábamos cansados un día de evento en la boutique, así que a pesar de haber visto una porción que lloraba demasiada sangre no chillé. Lo mal que hice. Lo pasé tan, pero tan mal que, tirada en la cama, de veras me costaba imaginarme que en algún momento iba a volver a sentirme bien.

El punto es que haberme pasado en cama un sábado entero de sol radiante, además de para reponerme me sirvió para algunas reflexiones que quiero compartir.

La primera, es sobre lo afortunada que soy. Los hombres de la casa estuvieron tan bien sin mí, tan poco necesitaron mi asistencia, que no hicieron más que disfrutar juntos el día, viniendo cada tanto a hacerme unos mimos y a compartir conmigo. Ellos son criaturas luminosas, me dije para mis adentros, parafraseando a Paul Auster.

La segunda es sobre la suerte que tenemos de poder tener asistencia en el hogar. Esto es más obvio, así que no me explayaré al respecto.

La tercera es más profunda. Sumo la primera más la segunda, y me dan muchas ganas de rendir un sentido homenaje a todas las mamás del mundo que, por las razones que sean, «en serio» no pueden darse el lujo de enfermarse ni un sólo día.

La próxima vez que me salga una actitud tilinga voy a volver a pensar en este día. Amén.

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