Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

El ahorro es la base de la fortuna

A falta de mejor título, lo que vengo a contar es que realmente estoy haciendo ahorro de alimentos para períodos de escasez. Léase, estoy organizando la logística para nnuevamente poder sostener la lactancia prolongada cuando vuelva a mi oficina.

Hace poco en el grupo de mamás 2.0 compartí mi experiencia con Alvarito, y ahora como estoy de lleno dedicada a esa tarea lo cuento acá. Esto sirve para poder sostener la lactancia materna cuando pasamos muchas horas fuera de casa, pero también es útil para salidas esporádicas en que el bebé queda a cargo de otra persona, e incluso para incentivar la producción de leche.

Básicamente, lo que se necesita es un buen sacaleche, recipientes para guardar en el freezer, y alguna conservadora para los traslados. Yo me decidí por el sacaleche eléctrico, para el freezer unas bolsitas que se venden especialmente para este uso, y una lunchera tipo tote de neoprene. Después hay otros accesorios útiles pero no imprescindibles. Por ejemplo, si la extracción se va a hacer fuera de casa y hay acceso a microondas, hay unas bolsitas para esterilizar que son muy prácticas. En casa, las opciones para esterilizar todo el kit son el esterilizador eléctrico o de microondas que todas las marcas tienen, o la cacerola, pero me declaro incompetente en la materia. En mi oficina tengo una heladerita super chica (de esas que son para 6 latas de gaseosa) que es del tamaño de una CPU, en donde muy privadamente voy guardando lo que voy juntando en el día hasta que me voy a casa.

Como una vez que vuelva a la oficina voy a estar muchas horas fuera de casa, mi estrategia consiste en ir juntando día a día y la voy guardando en el freezer, perfectamente rotulada con fecha y cantidad. La idea es hacer entre 2 y 3 extracciones por día mientras esté fuera de casa.

El pediatra nos irá marcando las cantidades que tendrá que ir tomando cuando yo no esté en casa, y cuando yo esté tomará a libre demanda, como siempre.

A propósito, recientemente aprendí que el concepto de “lactancia a libre demanda” está mutando al de “lactancia por señales”. Esta idea viene a derribar el mito de que “el que no llora no mama”. El concepto se basa en la idea de que, en rigor, el llanto es el último estadio cuando el bebé pide comida; hay unas cuantas señales antes del llanto que se puede aprender a reconocer y se evita que el bebé coma nervioso y atragantándose.

El principio básico es que cuanto más tempranamente, en función de las señales, el bebé haga sus tomas diarias, mejor va a alimentarse y por ende tendrá un mejor descanso.

Así que ya estoy armando mi stock de líquido sagrado para cuando retome mis actividades. La lactancia materna, personalmente, me da muchas satisfacciones. Es algo que realmente quiero hacer, independientemente de los fanatismos a favor y en contra. Haber encontrado el método que mejores resultados me da, para que lactancia y trabajo no sea una utopía irrealizable, me hace muy feliz.

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Cry me a river

Dicen que siempre hay una primera vez… Bueno, a mí me tocó hace poquitos días. Culpa, esa víbora perversa que hace sufrir, y después nos hace hacer cosas imposibles, esfuerzos sobrehumanos.

A pesar de que me propuse a mí misma tener un embarazo tranquilo, las pocas cosas que quedaron en mi agenda siguen siendo más de lo que se necesitaría para “tener un embarazo tranquilo”.

Entre mis horas en la oficina, la administración de las ventas on line de mi marca, mis clases de gimnasia, la psicóloga y algunas cositas más sueltas por ahí, llego al fin del día cansada. Y Alvarito está ahí, esperando que yo le dedique todo lo que le dedico. Él sabe que mamá trabaja, se adapta bien, y lo toma con naturalidad. Al menos eso creo yo (o quiero creer).

No estoy haciendo mucha vida social, la verdad sea dicha, porque no tengo resto físico ni espacio, ni ganas. Me gusta mi vida social, pero hoy está casi en cero por todo esto que contaba. Me cuesta mucho adaptarme y además hay relaciones que estoy descuidando (no sé si esta es la mejor palabra). Así que me dediqué a cumplir algunas promesas de “che, a ver cuándo cenamos y nos ponemos al día”. Esas promesas que siempre parece que se dicen en abstracto, pero que en algunos casos uno siempre se esfuerza en cumplir.

Y entonces esta semana tuve una cena con una amiga a la que no veía hacía unos cuantos meses. Llegué temprano de la oficina, estuve toda la tarde – noche con Alvarito, le di de comer, y luego se quedó con el Doc en la ceremonia de fin del día (baño, mamadera y a dormir).

Cuando le dije chau, me miró desconcertado con sus grandes ojitos y se puso a llorar. Y llorando se quedó. Y mientras lloraba me fui,

Y ayer tuve uno de mis jueves de superacción, así que cuando llegué a casa ya dormía. Quise despertarlo. Quise agarrar sus autitos y ponerme a jugar con él. Quise decirle que aunque no me vea siempre estoy. Pero ya era muy tarde y lo dejé seguir durmiendo.

Así que esta mañana, a pesar de lo cansada que estaba por ser viernes, y del esfuerzo sobrehumano que me implicaba llevarlo al kinder como todas las mañanas, tuve que sacar fuerzas de no sé dónde para llevarlo yo.

Y me duele todo el cuerpo, pero también me duele el alma.

superwoman

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Por qué elijo la lactancia materna

En los últimos días, gracias a (o por culpa de) la desafortunada campaña de UNICEF sobre lactancia materna, anduve de gira por muchos blogs y mismo en twitter me dediqué a exponer mi postura sobre el tema.

¿Por qué ahora? ¿Por qué acá? ¿Por qué quiero explicarlo? Algo conté hace casi un año sobre el tema, pero como actualmente me estoy equipando, informando y preparando para mi próxima nueva experiencia, tiene sentido reflotar el tema. Pueden ver lo que dije en su momento acá.

Por qué me parece mala la campaña de UNICEF: por incompleta, por estar errada semánticamente, y porque se queda en las formas y no en el fondo de la cuestión, esto es, la falta de información. Estaría muy bien que una mamá mediática difundiera las bondades de la lactancia materna, si esto fuera acompañado de la verdadera carencia que tenemos como sociedad que es el acceso a la información.

Lamentablemente, la lactancia materna está monopolizada por un cierto colectivo fundamentalista que, aún si tuviera buenas intenciones (lo contrario no me consta) no hace más que cargar de culpa a las mamás que recurren a ellas. Y lo afirmo yo, que me asumo comouna de las personas menos culposas que conozco.

Para ilustrar mi posición frente a este tema, se me ocurrió la genial idea de compartir acá algo que escribí en dic-11, cuando yo todavía no tenía blog y con Alvarito de 2 meses y medio estaba retomando mi ritmo full time. Juro que no toqué ni una coma (ni siquiera los problemas de edición que le encuentro ahora, o sentencias que semánticamente hubieran quedado mejor escritas de otro modo):

Pertenezco a la clase de mujeres que suelen tener opiniones categóricas y definitivas. Y pertenezco a la clase de mujeres que en más de una oportunidad se encontró levantando el dedito acusador, emitiendo juicios de valor tajantes y contundentes.

Otra de mis cualidades es que suelo adoptar un esquema bastante poco flexible acerca de cómo deben hacerse las cosas para estar bien hechas.

En fin, resulta que una de las cosas que estoy aprendiendo desde el mismísimo día en que me convertí en madre es que todo eso no sirve para nada. O mejor dicho, deja de tener valor en sí mismo.

Otra cosa que quiero decir sobre mí, aunque ya la dije, es que soy mamá. Y gracias a Dios tuve la suerte de poder elegir en qué momento de mi vida ser mamá (de hecho también pude elegir el momento del año). Esto implica que pude prepararme con amor e ilusión para atravesar todos los cambios que mi vida (y mi cuerpo) habrían de afrontar. Y esto implica que pude tomar ciertas decisiones muy premeditadamente.

Una de estas decisiones, que es la que me dispara estas líneas, es la lactancia. Cambié de opinión en un momento, pero desde entonces creo fervientemente en que la lactancia materna, mientras sea posible, es la mejor forma de alimentar a mi bebé. También creo, porque me lo explicaron, que lo más aconsejable, si se puede, es que durante los primeros seis meses de vida mi bebé se alimente exclusivamente con mi leche. Digo “con mi leche” y no digo “de mi pecho”. No es solamente semántico; la precisión, se verá luego, es de fondo.

Y tengo decidido que voy a realizar todos los esfuerzos que estén a mi alcance para poder amamantar a mi bebé hasta los 6 meses en forma exclusiva, y hasta el año de vida como complemento.

Realmente asumí la maternidad con muchísimo amor y con mucha responsabilidad. Aún con la enorme cantidad de ocupaciones que tengo, la mayor prioridad que tengo es la maternidad dedicada, responsable y presente.

Hago estas aclaraciones, porque sobre ciertos temas nos encontramos teniendo que estar todo el tiempo dando explicaciones y aclaraciones. La maternidad es una. No sé por qué, pero así es.

¿Por qué digo todo esto? Porque durante mi embarazo tuve la (mala) suerte de que mi aprendizaje en temas de lactancia quedara en manos de ciertas señoras, defensoras de la lactancia materna (como yo misma lo soy), que en lugar de enseñar y aconsejar sobre lactancia emiten juicios de valor categóricos y definitivos sobre la clase de mala madre que no le da la teta a su hijo. Se la pasan hablando de todo lo que no hay que hacer bajo ningún concepto si se es buena madre, en lugar de ilustrarnos sobre las cosas que sí hay que hacer para tener una lactancia placentera, armoniosa y feliz. Y entonces uno se queda sabiendo que darle el chupete a tu hijo es lo peor que podés hacer en esta vida, que si le das mamadera jamás nunca se va a volver a prender en el pecho de mamá, y que si toma leche de fórmula va a crecer con una enorme frustración y falta de amor y no va a ser feliz. Y como broche de oro, rematan diciendo que todas, absolutamente todas las mujeres pueden amamantar a sus hijos. Que aquellas que no lo logran es porque están haciendo las cosas mal. E ilustran este dogma con ejemplos paradigmáticos.

Por favor, señoras, bienvenidas al siglo XXI. La ciencia, gracias a Dios, ha progresado lo suficiente como para poder compensar aquellos espacios en donde la naturaleza no alcanza. Y las mujeres, gracias a sí mismas, han conquistado lugares en el mundo que las hacen ser unas cuantas cosas más que meras portadoras de leche y pañales.

La enorme mayoría de las mujeres puede asumir su rol de mamá de manera natural. Haremos lo mejor que podamos.

No soy yo la primera mujer profesional y empresaria, ni mi bebé es el único que tiene una de estas mamás. No soy mejor ni peor. Soy mamá de un varón.

Y soy una mamá que amamanta a su bebé, pero soy una mujer que no le gustaría ser estigmatizada si de la noche a la mañana el organismo deja de responder a mis grandes esperanzas. Esto no impidió que, aún en contra de la capacidad que tengo de cargarme las venas con agua mineral cuando me transformo en dama de hierro, he sufrido momentos realmente angustiantes y hoy echo mano de un par de “trucos” de comadres dieciochescas. Sólo porque me propuse tratar de amamantar lo más que pueda.

No porque mi bebé pueda morirse de tristeza sin mi teta, no porque se vaya a quedar mal nutrido por el resto de sus días, ni porque no darle la teta me convierta en mala madre. Simple y sencillamente porque creo que puedo hacerlo y mi cuerpo me está acompañando. Pero si mañana me levanto sin la turgencia que mis pechos deberían tener, espero no morirme de tristeza. Porque a mi bebé, estoy segura, nada malo va a pasarle si tiene que pasar a tomar fórmula.

Y que la cofradía de la teta turgente deje vivir a las mamás tranquilas. Que no todas tienen a su alcance la posibilidad de amamantar, por las razones que sean. Y esto no las hace ni mejores ni peores.

 

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