Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Easy, tiger

2014-05-06 20.14.07

Siempre aparecen situaciones que me obligan a plantearme y replantearme si estoy conforme con la mamá que soy, con cómo me tomo las cosas, con cómo resuelvo los problemas, con cómo organizo mi hogar… En fin, me cuestiono todo el tiempo.

Y, obviamente, la comparación es inevitable. Por más que quiera no logro escapar de ese ejercicio tan odioso. Qué hace el más grande, qué hace el más chico. En qué se destaca uno, qué rasgos tiene el otro. Quien diga que no lo hace miente.

Pero por más que me parezca natural comparar a mis hijos entre sí, de algo me di cuenta: es fundamental no caer en la tabla de habilidades que cada niño debería adquirir según edad. No sirve. Es estadística pura y llevarle demasiado la corriente nos hace ponernos del tomate.

Si se sienta, si no se sienta. Si camina, si habla. Y si habla, cuántas palabras. Y si come, qué come.

Llegamos a ese punto que en mi casa es todo un tema: LA COMIDA. La Sra. Comida. En serio, debo estar pagando las culpas de mis otras vidas porque nada me es fácil en este plano.

Cuando Gerva cumplió 6 meses veníamos con la idea de que habíamos superado la APLV, así que fuimos al alergista para ver cómo se sigue. Confirmamos la recuperación (¡albricias!), así que la reintroducción de lácteos tiene que ser ordenada y controlada. Mucho nos está costando que G acepte los alimentos. Rozando el séptimo mes se relajó y comenzó a dejarnos acercarle la cuchara, y hace muy poquitos días se puede decir “come”.

Todo este mes me sirvió para obligarme a relajarme con este tema. El niño va a comer cuando quiera, me dije. A modo de mantra, me repetía una y otra vez que con la teta es suficiente hasta los 12 meses, que mientras tanto la introducción debe ser un juego y no tengo de qué preocuparme.

Eso. No tengo de qué preocuparme. Eso es lo que me llevó a reflexiones un poco más profundas.

¿Por qué será que estamos tan apurados para que sumen habilidades? Ellos no están apurados. Somos los papás los que queremos que YA se siente. Que YA coma. Que YA camine. Que YA hable. ¿Habla YA? ¿YA se sienta? ¿YA dejó los pañales? Uy, qué bueno que YA no usa chupete.

Alcanza con leer los comentarios en los portales de maternidad. Me encanta leer sobre chiquitos que se paran solitos a los 4 meses, o que dicen “mamá” a los 5. Son geniales. Me obligan a mirarme a mí misma para tratar de evitarlo.

Ya estoy más tranquila. Veo a mis dos hijitos, tan diferentes, tan distintos en todo, y sin embargo tan iguales, que necesariamente me tengo que dar cuenta de lo que debería ser más obvio: cada uno es cada uno y cada cual es cada cual.

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