Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Hush, little baby

la foto (9)Desde que Alvarito comenzó a ir al jardín a la tarde, las rutinas están muy desacomodadas y promediando mayo todavía seguimos probando alternativas.

El esquema cena – baño – sueño está completamente trastornado.

En primer lugar, perdimos el espacio para una siesta. Es muy chiquito y sus jornadas son agotadoras, así que sigo creyendo que una siesta en algún momento necesitaría, sólo que no sé dónde ponerla. Llega del jardín a las 17.30 hs, así que las veces que intenté que duerma siesta se despertó como a las 21 hs super chinchudo y malhumorado y después fue un desastre intentar que se vuelva a dormir.

Otro problema es el horario de cenar. Con el pequeño G terminando el día alrededor de las 20 hs se nos había ocurrido que luego de eso podíamos dejarle un espacio propio a Alvarito para cenar nosotros tres juntos, pero para nosotros eso es muy temprano y jamás lo pudimos cumplir. Pero cenar nosotros después es una utopía porque cada día reniega más para irse a dormir y cada día «nos libera» más tarde.

Ir a bañarse no le gusta porque sabe que es el primer paso para irse a dormir, y la puesta del pijama es una lucha cuerpo a cuerpo porque sabe que se está acabando el reloj de arena.

Esto me conflictúa un poco. Por un lado siento que no quiere irse a dormir porque es el momento en que nos tiene a  nosotros para jugar con él, y entonces aflojo, pero por otro lado me preocupa no poder establecer una rutina saludable. ¡Hay días que se termina yendo a dormir a las 00.30!

Como condimento adicional, está comenzando a hablar. Va incorporando palabras y expresiones aceleradamente, y nos hace unos planteos que sin lenguaje hablado eran más fáciles de manejar.

La escena más recurrente es «Dormir no, no quiero dormir. Dije dormir no. Dormir no. Mamá, acá. Papá, acá. No quiero dormir». Y a la madrugada tiene como unas apneas repitiendo dormido «No quiero dormir». Al principio era al revés: «quiero dormir» era su frase fetiche en las vacaciones. Pero ahora se nos dio vuelta.

¿Será una etapa? ¿Será así siempre? ¿Estaremos haciendo alguna (¡o muchas!) cosas mal?

Investigando encontré varios links que me interesaron. En especial este, porque contiene todo aquello en lo que yo creo. EN TEORÍA. La práctica no está yendo muy cerca.

Otros links (no incluyo los que dicen barbaridades como dejar al niño sólo en su cuarto si se pone a llorar).

Ochos Consejos Para Dormir para Cada Niño

¿Cuál es la mejor hora para que se vayan a la cama?

 

 

 

 

 

 

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Imperfect is the new perfect

La frase no es mía. La tomé prestada como todo lo que uno ve y oye en esta vida. La tomé prestada de este video que alguna vez también había compartido acá.

Y resulta que es cierta.

Con Alvarito puse mucho empeño en tener todo bajo control. En dominar a la perfección todos los aspectos de esta nueva etapa que estaba encarando en mi vida, que es la maternidad dedicada y plena.

Instalé rutinas, generé actividades, diseñé una estructura que nos contenía a todos como nueva familia. Fijé horarios y tomé decisiones junto a mi coequiper.

Decisiones básicas como a qué hora bañarlo todos los días, y decisiones trascendentales como la lactancia, el sueño y la escolarización. Sobre todos estos temas fui hablando en este espacio.

Y hoy me sorprendo. Hoy me encuentro tomando decisiones radicalmente opuestas a las que tomé en su momento. Hoy me encuentro más flexible, pero es una flexibilidad que necesito para poder seguir sosteniendo las cosas en las que creo de verdad.

Es increíble cómo cada niño es único. Es un re cliché. No estoy diciendo nada nuevo. Pero hoy ya no soy yo, dije por ahí. Cada uno de mis hijos tiene una mamá diferente. La que necesita. Y soy la mamá que necesito ser para darles a cada uno de ellos lo mejor.

Pobre Alvarito, que como todo primer hijo soporta estoicamente el proceso de learning by doing. Pero a la larga el resultado está a la vista: mis hijos crecen, superan etapas, y día a día me regalan sus mejores sonrisas antes de irse a dormir y al levantarse.

Aunque se me caigan de la cama, aunque me enoje sin razón y les pida perdón a los tres minutos, aunque los horarios tengan rangos de tolerancia de 30′, aunque no quieran comer, mis hijos siguen amando a su mamá y siguen creciendo sanos, fuertes y felices.

Es así. Imperfect is the new perfect.

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Con manual de instrucciones

Ayer tuvimos control con el pediatra. La semana que viene Alvarito cumple dos años, así que aparte de la revisión clínica general, la orden para la vacuna de la meningitis y las mediciones de rutina, charló con nosotros sobre lo que se viene.

Las consultas ahora son mucho más espaciadas. Ya pasamos de una frecuencia de 2 a 4 meses, así que el tiempo en consultorio es un poco más largo y, si se quiere, más productivo.

Nos habló sobre un importante cambio en el comportamiento, que se supone debería estar a la vuelta de la esquina: comienza la edad de los berrinches y los caprichos.

Voy a hacer una síntesis de lo que nos explicó. La verdad, la propuesta de nuestro pediatra amigo me cerró por todos lados, piensa muy parecido a nosotros, y aunque algunas cosas me van a costar mucho sé que así es como debe ser. Básicamente compartimos la visión, así que quiero dejar esto documentado para consulta permanente.

El pediatra partió de una base: el objetivo de los escandaletes, escenas descontroladas y berrinches que se vienen es principalmente llamar la atención de mamá y papá. El niño comienza a registrar que hay un mundo alrededor, y comienza a querer encontrar sus espacios. Quiere sentirse importante y comienza a darse cuenta de que no es el centro del universo. Esto lo acoto yo: ¿se imaginan lo duro que debe ser semejante descubrimiento? Hay tanta gente por ahí que con unas cuantas décadas más encima todavía no se hizo cargo…

Por lo tanto, en esta línea de pensamiento, el pediatra nos propone la siguiente estrategia. Si bien estos bullets no representan cosas separadas, sino que son parte de una forma integral de proceder, lo enumero en una lista para facilitarme la implementación.

  • No permitirle que siempre logre su objetivo (acaparar la atención).
  • Explicarle que él es una persona muy importante, pero que mamá y papá (y el resto de los miembros del entorno) son tan importantes como él y no pueden estar todo el tiempo a su disposición.
  • Mostrarle que hay muchas actividades que él puede hacer y disfrutar solito, que mamá y papá (o nanny) lo van a estar cuidando y protegiendo, pero ya no es necesario que estén todo el tiempo encima de él.
  • Si los adultos están conversando, sus interrupciones tienen que ser justificadas. Porque sí, no. Pero explicarle claramente en el momento la razón.
  • Nunca perder los estribos. Él va a buscar lograr su objetivo como sea, ya sea por la positiva (logro que dejen de hacer lo que están haciendo para ocuparse de mí) o por la negativa (me retan  y se enojan conmigo). Por lo tanto, con amor y en paz, marcar los límites.
  • La más difícil: no darle bola si se tira al piso, grita, patalea o se escandaliza, no entrar en su rueda. Esperar a que se le pase y explicarle muy claramente lo que estuvo mal.

Lo que me sonó muy fuerte en esta charla fue la idea fuerza de que esta etapa es crucial para la formación de la personalidad. Que de nosotros y de nuestra actitud va a depender su habilidad para lidiar con la frustración y su nivel de tolerancia al fracaso. Que si el niño se acostumbra en esta etapa a salirse con la suya el día de mañana ante el primer fracaso va a claudicar (una materia en la facultad, un error en el trabajo, el rechazo de una chica). Que nuestra responsabilidad como mamá y papá es enseñarle con ternura, comprensión y amor, pero sobre todo con respeto, que el mundo está formado por millones de personas igual de importantes que él. Que no se puede tener todo, y no se puede conseguir ya.

Me fui pensando en la enorme carga de responsabilidad que tengo en la espalda.

«Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo» – Gabriel García Márquez

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