Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Los 10 mandamientos

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  1. No insultarás a tus hijos. Tampoco insultarás su inteligencia.
  2. Respetarás sus tiempos de aprendizaje y adaptación.
  3. No exhibirás a tus hijos como trofeo. Ni te apropiarás de sus logros.
  4. Acompañarás a tus hijos en sus grandes momentos. Secarás sus lágrimas. Los consolarás cuando estén tristes y te reirás con ellos cuando estén contentos.
  5. Tolerarás su mal humor. Su frustración. Su cansancio. Su fastidio.
  6. No te quejarás de tus hijos. Mucho menos de sus necesidades.
  7. Escucharás sus pedidos. Les concederás los deseos que consideres apropiados y les explicarás claramente el “por qué no” de aquello que les niegues.
  8. Ayudarás a tus hijos a sentirse orgullosos de sí mismos. Alimentarás su autoestima.
  9. Fortalecerás sus habilidades y los ayudarás a desarrollarlas. Trabajarás junto a ellos en sus debilidades.
  10. Dejarás que decidan por sí mismos. Al fin y al cabo es lo que lograste con los mandamientos 1 a 9.
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Ensayo y error

Ya les había contado que estaba buscando kinder para Queca (acá). Lo que no había contado es lo que estaba pasando por esos días.

Con Alvarito siempre tuve mucho mejor resuelto el tema del kinder, ya que desde el 4° mes de embarazo tenía reservada la vacante del colegio al que queríamos que fuera, y para sala de 18 meses elegimos un colegio bilingüe que era nuestro plan B en caso de que no entrara al primero. Finalmente logramos plan A, así que todos contentos.

En cambio con Gerva, con el plan A ya resuelto por ser hermano, la variable fundamental para el jardín para salita de 18 meses era la logística. Así que recorrí varios de los jardines cercanos a casa (no más de 6 cuadras, me impuse como condición), y en esa búsqueda elegí uno que me había gustado muchísimo.

Por varios factores: porque la directora / dueña era super buena onda, porque el edificio es precioso, y porque pude espiar una salita en plena actividad y me había gustado mucho. También me había gustado que nos dejaran arrancar con la adaptación en febrero, mes en que el jardín iba a funcionar en modo “colonia” y la actividad iba a ser más tranqui.

Pero ya cuando llevé a G en su primer día muchas cosas no me habían gustado, y pequé de sobreadaptación. Me dije que tenía que bajar la vara con que medía las cosas, ya que es cierto que mi vara es altísima.

No me cerraba que cuando entramos a la salita la maestra a cargo estaba con su celular en whatsapp (¡qué tema el del celular en horario de trabajo!), los nenitos andaban sueltos por la sala a la deriva, y no se les proponía ninguna actividad concreta.

Fueron pasando los días y cada vez me gustaba menos, hasta que un día varias cosas no me gustaron y dije ‘basta’.

Esa fue la razón por la que decidí emprender de nuevo la búsqueda, esta vez volviendo a tener de cuenta mis estándares. Volviendo a exigir lo que siempre exijo, y obligándome a que para decidirme por uno u otro jardín tenía que enamorarme como ya me había pasado con los de Alvarito.

Así que ayer fue su primer día de clases en un jardín hermoso. Es la salita de 2 años de un colegio new age de mi barrio que tiene integrado un mini grupito de nenes de 18 meses. La propuesta pedagógica es espectacular, son 10 nenes con dos maestras, maestra de música y atelier de arte. Fuimos ayer y la dinámica es hermosa. En fin, me enamoré.

Esta es la lección que aprendí: cuando se trata de mis hijos, de sus cuidados, de su ‘crecer felices’, la alegría tiene que ser completa. Sin grises. Sin concesiones. Si no cierra, no cierra.

Que Tribilines hay en todas partes.

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Fine

Ayer nos mandaron el informe del jardín de Alvarito. Fue uno de esos regalos inesperados porque no había fecha concreta de entrega.

El informe dice cosas muy lindas de Alvarito. Es feliz en el jardín, es un nene cariñoso, sabe jugar y lo hace acorde a su edad, se lleva bien con sus compañeritos e interactúa bien con los adultos. Sabe hacerse entender a pesar de que todavía usa muy pocos fonemas, y se reconoce como parte del grupo.

El mes que viene Alvarito cumple 3 años, y como siempre cada vez que se acercan las fechas clave existe la tentación de hacer un balance. Vamos bien, es la conclusión.

La maternidad es una de esas bombas de protones que arrasan con todas las ideas que tenía preconcebidas para transformarse sólo en el universo de lo posible. En estos casi 3 años me encontré con tantas cosas nuevas, se me cayeron tantos castillos y edifiqué tantos edificios nuevos que ya no reconozco mi otra yo en esta que soy hoy.

En ese camino fui aprendiendo, corrigiendo, andando y desandando. Learning by doing. Me gusta más que su par en castellano (“ensayo y error”) porque con los hijos no hay margen para andar probando.

Y acá estamos. Algo estaremos haciendo bien. Se invierten muchas energías, esfuerzo y recursos en que ellos estén bien. Y están bien.

Alvarito me enseña a ser mamá, a valorar esas pequeñas grandes cosas de la vida, a olvidarme de pensar en mí misma, sin resentimiento. A dedicarles a ellos la máxima prioridad y todo el tiempo posible. A pensarme en función de 4. A proyectar en función del plan de a 4 que armamos una vez.

Y G por su parte me enseña que, en circunstancias normales,  nada es tan terrible, tan innegociable ni tan irreversible. Que en el mundo de los puntos medios siempre se puede estar mejor y siempre se puede estar peor. Que pocas cosas hay verdaderamente importantes y el resto se puede revisar.

Así que si en ese video me preguntaran a mí qué me diría antes de que nazca mi primer hijo, pensaría en las pequeñas victorias y me recordaría que voy bien.

Sin título

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