Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Colorín colorado

descarga (1)Con Alvarito estamos, por varias razones, en una etapa muy interesante en su forma de relacionarse con los libros. Desde que nació, adicta como soy a la lectura, quise inculcarle lo mismo a él y entonces me la pasé comprando libros. En varios idiomas, porque nuestra idea es que tenga una formación de ciudadano del mundo.

Hasta hace poco tiempo no se enganchaba mucho, ni con las imágenes ni con las historias, pero le encantaba usar a los libros como juquete. Desde chiquito uno de sus deportes favoritos era desordenar las bilbiotecas y jugar con todo los libros (de adultos, de niños, guías de viaje, y hasta los álbumes de fotos!).

Pero ahora ya pide que le leamos, y eso está buenísimo, primero porque es algo que esperábamos ansiosamente, pero segundo porque siendo Gervito tan bebito viene bárbaro poder compartir con el hermano mayor una actividad tranquila mientras se tiene al bebé en brazos, se le da la teta, se lo hace dormir o lo que sea.

Así que ahora me tomo la tarea mucho más en serio. Me puse a investigar mucho, y también recibí material sobre literatura infantil que quiero compartir.

Leer cuentos a nuestros hijos es un mimo que tiene efectos maravillosos. El momento del cuento empieza con un poquito de intriga y curiosidad, abrir la primera página ya entusiasma a los peques, es una ventana a un mundo nuevo, donde la imaginación crece con los relatos, es un momento entretenido y enriquecedor para padres e hijos, es la oportunidad de compartir tiempo juntos y también una forma de descubrir los gustos, temores e intereses de tus hijos. Es crear un espacio para la comunicación y es una tarea reflexiva también.

¿Por qué es bueno mantener viva la costumbre de las narraciones infantiles?

Leer cuentos a los chicos estimula su imaginación, los niños van creando imágenes en su mente de los personajes y los hechos, los ayuda a agilizar su memoria, a desarrollar su capacidad de relacionar ideas y a ampliar su vocabulario.

Pero además de los beneficios intelectuales, leerles cuentos estimula su sensibilidad y percepción, pueden canalizar sus temores identificándose con los personajes del cuento y también las narraciones los ayudan a transitar etapas, como la llegada de un nuevo hermanito, dejar los pañales, aprender a lavarse los dientes o dormir tranquilos sin pesadillas de monstruos imaginarios.

Los cuentos son excelentes para inducir al sueño, tienen un efecto relajante y tranquilizador y escuchar el relato de sus padres los ayuda a sentirse seguros. Además del clásico “cuento para ir a dormir”, hay otros momentos para leer en familia que pueden disfrutar juntos, donde a veces el cuento se vuelve interactivo y se construye entre el relato del narrador y el aporte de los chicos. Siempre es muy bueno que los chicos tengan la opción de elegir el cuento que les gustaría que les lean.

La recomendación, según la edad es:

  • Para menores de dos años, cuentos ilustrados con frases cortas o palabras sueltas que identifiquen la imagen.

  • A los 3 años, las historias deben ser simples, con dos o tres personajes y finales felices.

  • A los 4 años, los cuentos con superhéroes y personajes fantásticos como hadas, duendes, magos u objetos inanimados que cobran vida son ideales para esta etapa.

  • A los 5 años, los chicos se empiezan a identificar con los personajes y sus desafíos, las historias pueden tener un anclaje en la realidad.

  • A los 8 años, los libros de aventuras les fascinan. Pueden ser historias donde los personajes trabajan juntos para lograr un objetivo. Es una buena forma de incorporar valores como la solidaridad, el amor, el respeto y la amistad.

  • A partir de los 12 años, en esta etapa el misterio les encanta y empieza la pre-adolescencia. Las novelas gráficas o comics retratan situaciones de la vida real en forma entretenida, ayudan a reforzar valores y a tratar los conflictos internos que empiezan a manifestarse en esta etapa.

La literatura infantil es muy prolífica, hay mucho y variado para elegir, también hay cuentos tradicionales de todo el mundo que son muy interesantes para tener en casa. A mí, como dije, también me gusta tener biblioteca en varios idiomas (como mínimo los tres idiomas que va a estudiar en el colegio). Mi teoría es que arrancando desde pequeños los niños adquieren el hábito de la lectura con naturalidad.

Aparte de los libros básicos con objetos y cuentitos muy cortos, hay ciertos clásicos que ya tengo en su biblioteca para cuando tenga edad suficiente. Están los cuentos completos de los Hermanos Grimm, El Principito, la Colección Billiken completa, en inglés tengo varios ejemplares de Dr. Seuss, y algunos cuentos en francés.

Queda para otro post el dilema y el choque con la televisión y la tecnología, cosa que no tengo para nada resuelta aún.

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De nuevo estoy de vuelta


Superado el malísimo momento que nos tocó atravesar la semana pasada, acá voy retomando la pluma (y la vida).

El fin de semana los tres pudimos compartir relajados y en familia. Aparte de domir muchas, muchísimas horas tanto viernes como sábado a la noche, durante el día tanto sábado como domingo nos dedicamos a disfrutar(nos).

No sé si será por el fuerte impacto que me causó lo que pasó, pero me puse a averiguar distintas formas de transitar el embarazo más conectada con mi bebé, al mismo tiempo favoreciendo que Alvarito pueda ir enganchándose con la idea de que va a ser nada más ni nada menos que un hermano mayor.

Muchas cosas de las que aconsejan para facilitarle al nene que pueda ir haciéndose a la idea ya las veníamos haciendo como instintivamente: no excluirlo, contarle que vamos a sumar uno más al family team, y en qué consiste ser un hermano mayor, etc..

Eso, por alguna razón, me resulta fácil. Pero descubrí que ahora soy yo la que necesita incorporar todo eso, sentirlo, vivirlo. No sólo por el impacto y la culpa por lo que pasó, sino por los miedos obvios que yo ya venía sintiendo (incrementados a la décima potencia, claro).

Por suerte me enganché re bien en las clases de gimnasia. Vicky, la profe, es una genia que realmente nos hace sentir acompañadas mucho más allá de las dos horas semanales de gimnasia. Ella y mi psicóloga estuvieron dentro de las primeras en enterarse, y ambas me resultaron de muchísima ayuda. Creo que en mi primer embarazo no valoré lo suficiente estos espacios.

No soy madre experta, así que no me gusta dar consejos. Jamás lo hago, y trato de evitar ponerme en pose (chicas, a las que lo hacen, sepan que me caen pésimo). Pero si alguien me preguntara hoy qué tengo para decir, sería justamente eso: generar espacios para compartir el embarazo. Para hablar, preguntar, compartir dudas, hablar de los miedos, las inseguridades, las culpas. No sólo acá, en formato 2.0, que ya me resulta imprescindible. Superando las barreras de cada una, compartiendo cara a cara y hablando con la voz, no sólo con el teclado.

Aprovecho y digo gracias por estar del otro lado. Me llegaron todos los abrazos calentitos y las palabras de apoyo. Me hizo bien destripar acá los momentos que había vivido.

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Cultivo una rosa blanca

“No se preocupe, señora. Los niños son el fiel reflejo del hogar”. Así le contestó a mamá una maestra que tuve en 3°, 4° y 7° grado, cuando le consultó por una preocupación que ahora no logro recordar (y que ahora no viene al caso). Así, clarito y contundente. Los niños replican lo que ven y lo que les enseñan.

Mis papás siempre tuvieron muy buen concepto en nuestros colegios, clubes y demás. Dentro de las memorias más entrañables de mi infancia, recuerdo que muy seguido alguien le decía a mamá “Te felicito, Silvia. ¡Qué bien se portan tus hijos!”. Recuerdo también la imagen de mamá respirando hondo para inflar el pecho de orgullo en uno de los gestos más característicos de su lenguaje corporal.

Conforme fuimos creciendo, cada uno de nosotros se ha metido en sus propios líos, pero a medida que pasaron los años se puede decir que los cuatro encontramos un futuro al cual volver.

Es increíble, pero ahora mi nene y todos los hijos de mis hermanos se comportan divinamente. Parecería que en esto también la genética fue implacable, no?

Hace unos días fuimos a un cumple infantil. Del hijo de unos amigos nuestros, que a pesar de que sus papás reconocen que es travieso, la verdad es que todas las veces que lo he visto es un solcito. Como muchos (por no arriesgarme a decir todos) los hijos de nuestros amigos más cercanos. Me gusta.

Había un niño, desconocido para mí, que en cuanto lo vio llegar a Alvarito se acercó para meterle un empujón y acosarlo un rato importante, con piñas y sacudones incluidos. El Doc y yo no sabíamos muy bien qué hacer, mucho menos cuando vimos que al lado la madre estaba mirando la escena con actitud displicente.

Como pude liberé a mi hijo de la situación, aunque cada tanto el pequeño volvía a meterse con mi niño. Álvaro no está acostumbrado a estas cosas. Tiene una vida tranquila, en casa no somos violentos ni miramos tele violenta, ni le compramos armas de juguete, ni nada parecido. Gracias a Dios, en el kinder tampoco tiene ningún compañerito violento.

Me desconcertó mucho. Más que el mocoso, la madre, a quien yo no conocía ni sabía quién era. Para colmo, cuando ya había pasado un buen rato, encuentro al niño, cuyo padre y hermano varios años mayor le estaban enseñando a voltear a piñas y patadas un muñeco inflable. Yo no lo podía creer.

Pero me di cuenta de por qué estos pequeñajos son así de violentos y agresivos desde tan chiquitos.

Tenía razón la Srita. Norma. Es decir, preocúpese, señora, su niño es el fiel reflejo de su hogar.

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