Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

El que espera, desespera

“Ah, pero este chico está en las nubes de Úbeda” fueron ayer las palabras de mi obstetra amigo. Confieso que fue una decepción: hace varias semanas que vengo especulando con la fantasía de que este niño quiere adelantarse a su tiempo, e incluso pasé unas cuantas semanas angustiada ante el riesgo de prematurez.

Ya está, ya pasó. La realidad es que todavía faltan varias semanas, así que cuanto más tiempo quiera quedarse allí mejor. Me lo había prometido, así que finalmente no está haciendo otra cosa que cumplir su promesa.

La otra cuestión a resolver es el tema parto “normal” vs. cesárea. Alvarito nació por cesárea, no porque haya habido ningún condicionante previo sino simplemente por cómo se dieron las cosas (creo haberlo contado varias veces así que no voy a aburrir una vez más con el relato).

No soy fundamentalista de un determinado tipo de parto, honestamente lo único que me interesa es que mi niño nazca, y que todo salga bien. Pero sí me genera mucha ansiedad el hecho de que esta vez sí tengo algunos condicionantes: la cesárea previa obliga a tomar precauciones adicionales.

En esto estamos todos de acuerdo: obstetra, mamá y papá sólo quieren lo mejor, y no hay nadie en la sala dispuesto a asumir riesgos estúpidos por un mero fanatismo a favor de uno u otro tipo de parto.

Sin embargo, confieso que el hecho de pensar que la decisión pueda (o deba) ser tomada de antemano rompe mis esquemas. No estoy muy acostumbrada a no poder elegir, y como alguien me dijo por estos días “voy a tener que soltar” un poco tanta manía controladora y dejar que las cosas fluyan.

Así que no hay fecha. La FPP es la menos probable de las fechas, así que seguiremos esperando conocer los deseos de mi niño, para poder evaluar si podemos darle el gusto o habrá que salir a improvisar.

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Ahora sí la dulce espera

No sé si fue algo puntual. Creo que no. Pero estos días todo comenzó a mejorar.

Físicamente estoy espléndida. Me siento muy bien, livianita (lo juro), sin molestias ni dolores. En el control con el obstetra me fue muy bien, todo está impecable, no hay más presión por tema glucosa, y la cosa marcha bien. Fuera de broma, superada la abstinencia de dulces y carbohidratos, me siento cien mil veces mejor. Ya me propuse intentar un cambio de hábitos más definitivo. La dieta variada y equilibrada me sienta de maravillas.

Los bolsos ya están listos (¿ansiosa yo?), el moisés ya está esperando a mi niño, la nueva habitación de mis pequeños ya está terminada, aunque me falta la decoración. El carrito para el bebé ya está armado, y la sillita del auto ya está lista para ir directo al baúl del auto.

A esto me dediqué este tiempo para alejar los fantasmas, y me dio resultado. Ya no pienso en eso. Pienso en otras cosas.

Pensé por ejemplo que de tanto preservar a Alvarito nunca lo había llevado a visitar a mi obstetra. El miércoles, como él no había hecho nada en todo el día porque por el Día del Maestro no había tenido clases, lo llevamos. Y en la sala de espera se estaba portando tan bien, estaba tan simpático y agradable, que de golpe me di cuenta y se lo dije: “A ver si reconocés a Claudio, que fue quien te ayudó a nacer”. Entró con nosotros a la consulta, siguió portándose bien, y en un momento Marian le dijo: “Esta fue la primera cara que viste en tu vida, y ahora lo va a traer al mundo a tu hermanito”.

¡Cómo no se me ocurrió antes! Ahora quiero llevarlo de nuevo a Los Arcos. Ya fuimos otras veces, pero quiero llevarlo especialmente y recordarle que él nació ahí y que ahí nacerá su hermano. Esto me sugerían hoy otras chicas en la clase de gimnasia. Lo voy a hacer. Me parece una idea preciosa.

Y ahora pienso en otra cosa: en personas. Hay momentos en la vida en que hay un desfile mental de personajes. A mí me pasa en situaciones bisagra. Como esta. Alvarito cumple 2 años el lunes, el mes que viene yo cumplo 38, y más adelante se viene la llegada de mi segundo hijo.

Y los veo a todos. Están ahí. Mamás, papás, abuelos, hermanos, primos, tíos, madrinas, padrinos. Amigos, colegas, compañeros, conocidos. Míos. De Marian. Pasados, presentes y futuros. Cercanos y lejanos. Ellas, ellos. Los buenos. Los malos. Los que se fueron, los que no se quieren ir. Los que aparecen, los que desaparecen. Los presentes, los ausentes. Todos están hoy acá.

Escribo sin editar. Casi casi, un fluir de la conciencia.

Buscaba un cierre, pero como este post no tiene contenido no encuentro cierre. De golpe se me viene a la mente esa escena divertidísima de Luna de Avellaneda, en la que el personaje de Darín le dice al de Eduardo Blanco: “Volvé a chupar, pelotudo”.

Calma, todo está en calma.

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