Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Shiny happy people

Otra de las grandes transformaciones que experimento con la maternidad es esa tremenda responsabilidad por la armonía del hogar y la seguridad de la familia. Y no estoy hablando (sólo) en términos domésticos. No me refiero solamente a que la ropa esté planchada y las camas extendidas.

Mi casa no tiene un modelo machista, así que la realidad es que sí me ocupo de que todo esté impecable y la casa esté en orden, pero no es un tema que esté en la agenda de negociación con el Doc, de la misma manera que tampoco en él recae esa cosa del «cazador-proveedor».

Pero sí me pasa que siento una enorme responsabilidad, en el mejor de los sentidos, por recrear un ambiente de paz, amor, unidad y armonía. Quien crea que es fácil, será porque no conoce que tengo mal carácter y muy pocas pulgas.

Hace unos cuantos meses, me hicieron una entrevista, y una de las cosas que dije en aquel momento fue que «generamos ámbitos de vida en común donde intento que reine la alegría y el entusiasmo por lo que a cada uno le toca. Obviamente no siempre es así, hay días más alegres que otros, días más agotadores que otros, y batallas más exitosas que otras. Ese combo, finalmente, es la vida«.

La semana pasada tuve que tensar un poco la cuerda en casa. Las cosas no habían funcionado muy bien durante nuestra ausencia, y el regreso tampoco causó el efecto de volver las cosas a su curso normal, por lo que hubo tirones de oreja de variada intensidad. Merecidos. Justos. Respetuosos. Con razón.

No importa. Lo que me quedó es la angustia de saber que mi niño estaba viviendo un hábitat modificado. Que estaba alterada la armonía. Que la atmósfera estaba cargada. Y eso invariablemente me pegó. Fuerte.

Cómo hacer para imponer disciplina y orden, sin que los niños sufran un exceso de rigor. Difícil, no?

Estoy trabajando en eso. No tengo una respuesta aún…

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