Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Soltar

Crecen a la velocidad del átomo. Te dicen que te prepares, que disfrutes, que no pierdas tiempo en nimiedades, pero te das cuenta que el tiempo igual se te va. Lo que también pasa es que cambia mucho su forma de necesitarnos.

Quiere comer solo, sabe sacarse la ropa, bastante bien logra ponérsela, se sube y se baja solo de la silla y ya es capaz de quedarse un ratito solo mirando tele en la cama de mamá y papá (enhorabuena que necesitaba esta pequeña libertad para asistir mejor a su hermanito). Ya no necesita más la sillita en la bañera, ya le cae bien su hermano, quiere abrazarlo, y ya festeja cuando se despierta.

Elige, hace valer sus preferencias, sabe enojarse y le encanta demostrar su alegría. Es un nene.

La semana pasada, aprovechando que no tenía clases, nos fuimos unos días a Puerto Madryn a ver las ballenas. Nos fuimos los cuatro en familia, y ahora que el tandem funciona bastante mejor el disfrute fue super intenso.

Unos días antes de irnos, mi suegro me dijo casi a modo de confesión que cuando los chicos eran chicos él aprovechaba los viajes largos en auto para sacarles charla y ponerse al día con sus andanzas, gustos e intereses. No lo había visto de este modo hasta ahora, pero descubrí un matiz nuevo de las vacaciones en familia: son oportunidades. Tus hijos van creciendo y estos días todos juntos sirven para ver hacia dónde van. Porque se van.

Son dos nenes.

la foto (11)

2 comentarios »

Después de larga ausencia

No tenía nada que decir, así que no decía nada. La vida misma estuvo transcurriendo estas semanas.

Hasta que un día de la semana pasada me invitaron a un almuerzo formal. No aceptar requería una muy buena razón, y la razón verdadera, no sé por qué, en ese contexto me dio vergüenza:

mibebétienealergiaalaproteínadelalechedevacaycomoestoyamamantandonopuedocomercualquiercosa.

Era un rollo. Fui. “Después veo”, me dije. Sabiendo que después veo, un cazzo.

Y allí estaba el pequeño G cuando llegué a casa queriendo teta. Y, cerrando los ojos, rezando, y rogando para que no pase nada, le di. Y abrí los ojos, y seguí rezando, y no pasó nada. Ni en ese momento, ni al rato, ni a las horas, ni al día siguiente. No es que me haya comido un kilo de helado, claro está. Por supuesto que comí con cuidado. Pero nada. Cero molestia.

Los milagros suceden, pensé. Pero al rato pensé que quizás no era un milagro. Quizás lo que estaba pasando es que el chiquito había revertido el cuadro. El 87% de los cuadros de APLV revierten antes del segundo año de vida, así que con la poquísima exposición que tuvo G, por el diagnóstico temprano, no era descabellado ilusionarse.

Y entonces decidí que el fin de semana me iba a dedicar a “desafiarlo”, como dice la jerga. Suave, despacito, fui probando desde el viernes. Y sigue sin pasar nada.

Estoy muy sugestionada porque me cuesta, con el estrés que este tema me genera, separar las molestias comunes de un bebé de 5 meses, pero la verdad es que no hay más ataques. Sigo sin comerme el kilo de helado, pero me ilusiono con que cuando dentro de un mes el pequeño G comience a incorporar alimentos vamos a estar un poco más tranquilos.

Con cuidado, pero no tan presionados.

Cuando compartí la noticia en FB alguien me dijo “Se lo merecen todos uds”. Y sí.

7 comentarios »

Cada uno tiene su ‘acá’

La anécdota es mínima: hace mucho tiempo iba caminando por la calle con una compañera de trabajo y nos encontramos con un conocido de ambas. Cuando nos preguntó “¿Cómo andan?”, esta compañera dijo en un tono un poco lastimoso “Acá”, a lo que él, con un tono muy conciliador y amable contestó “Es así, cada uno tiene su ‘acá'”.

Esa frase me quedó grabada para siempre. Cada uno tiene su ‘acá’. La asocio con muchas cosas, pero especialmente al tamaño de los problemas.

Lo cuento porque en esto de maternar cada familia enfrenta sus problemas y desafíos. Cotidianos y de los otros. Temas de logística, temas familiares, temas de salud, elecciones, decisiones, renuncias, sacrificios. Un mundo. Gigante. Enorme.

Gigante, sí. E imposible de comparar con todos los otros mundos. El dolor de panza de mi hijito no se compara en nada con el dolor de panza del tuyo. La adaptación de mi nene mayor no tiene por qué ser la misma que la del tuyo.

El punto es que cualquier problema, mínimo, pequeño, mediano o enorme que afecte a nuestros hijos, nos devasta. Nos destroza. Nos rompe el sistema nervioso.

El gran derrotero que empieza desde que se tiene el Evatest en la mano es impensable. Y escuchás a otras mamás que están en la misma que vos y no lo podés creer. No soporto que me cuenten lo que les pasó a otros nenes. Me duele la vida.

El sábado Alvarito se pegó su primer chichón en la frente. El primero de su vida. Me miró con cara de “No puedo creer esto, no sabés lo que me duele” y automáticamente se puso a llorar desconsoladamente. Después se le pasó comiendo pizza, y 2 días después a mí todavía me duele de sólo verlo.

Siempre hay una primera vez. Comenzó la temporada de los chichones.

la foto (8)

7 comentarios »

A %d blogueros les gusta esto: