Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Enojada

Porque sí. ¿Por qué no?

Me toca. A veces me toca. Según la época, más seguido de lo que quisiera, y por estos días estoy en eso.

Por las hormonas, por las esperas en las salas de espera. Porque tengo la casa desmantelada por una remodelación que nunca comienza. Porque pronto estaré llegando a la mitad del embarazo y tengo miles de cosas pendientes sin resolver.

Porque mi agenda me pesa, porque no puedo con todo. Porque sigo tratando, como siempre, de ser la mejor en todo, y dejo el cuerpo.

Porque mi hijo me necesita, porque está increíble, maravilloso, y no me da el físico. Odio decirle que no puedo, así que sí, puedo. Tengo que poder.

Porque estoy en stand by. El embarazo es un gran, enorme, stand by en la vida de la mujer. Sigo insistiendo en cuánto me enoja cuando alguna me dice que “disfrute del embarazo porque es el mejor estado”. Bullshit.

Porque empezó el invierno y no tengo encaminado nada de lo que se suponía que a esta altura estaría terminado.

Porque me pesan los 4 kgs en 4 meses.

Enojada. Corranse porque muerdo.

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Hola, madres del siglo

Había escrito sobre este tema hace un par de días, pero a decir verdad le faltaba “una vuelta” y no había quedado satisfecha.

Hasta que esta mañana en el subte una vieja me hizo el favor de ayudarme con el guión (vieja: dícese de la persona del sexo femenino, usualmente entrada en años pero no necesariamente, resentida, agresiva y envidiosa, típico prototipo de chusma de barrio).

La “cultura” popular está impregnada de una infinidad de lugares comunes. Y en relación con el embarazo y la maternidad, ni hablar. Nuestras principales detractoras somos nosotras mismas.

Una vez conté lo que me pasa con las que cursaron la Licenciatura en Madre del Siglo y se auto-dieron el diploma (acá). Hoy quiero hablar de la Maestría. Me está pasando últimamente que más de una me dice “Ah, ya vas a ver cómo se complica todo con dos. No te creas que te va a seguir resultando todo tan fácil”. O esta: “Vamos a ver si Alvarito que es tan santito se porta tan bien cuando nazca el hermano”.

Cuando este embarazo no estaba ni siquiera planeado, alguien me dijo: “No cantes victoria. Un sólo hijo no tiene nada que ver con el laburo que te dan dos o tres. Mirame a mí”.

Esta mañana subí al subte después de dejar a Alvarito en el kinder, y como últimamente estoy desarrollando una capacidad de hacer que el prójimo se duerma en su asiento con sólo verme, pedí si por favor alguien podía cederme un lugar. Normalmente la cosa termina ahí, el “dormido” sigue “dormido”, y alguno o alguna de al lado resignado con cara de traste se tiene que levantar muy a pesar suyo. Pero calladito la boca.

Hoy la historia fue diferente. La chica que estaba en el asiento de la puerta se levantó, me pidió disculpas, guardó su libro y chau picho. Pero al lado había una de estas viejas que comenzó a hablarle a esta chica. Sigue una transcripción casi literal porque la iba reproduciendo en tiempo real en mi cuenta twitter.

“No te preocupes, querida, enseguida bajo. Vení, quedate cerca. Es una vergüenza que te hayas tenido que levantar. Yo no sé a dónde quieren llegar con esa actitud. Yo tuve 5 hijos, jamás pedí un asiento y trabajé hasta el último día. Y no esos trabajos de ahora con computadora. Antes trabajábamos más, y que ni se te ocurriera quejarte porque te ponían de patitas en la calle. Pero ahora a estas atrevidas no podés ni tocarlas. Ahora se quedan en cama desde el primer día y viven pidiendo privilegios. Cinco hijos crié, no como ahora que con uno se hacen las víctimas….”.

No me interesa en este punto marcar ninguna diferencia ni distinción en lo que a mí respecta porque no viene al caso. Lo que quiero remarcar es el absurdo del discurso de la señora vieja.

Ahora, en serio, lo que más me preocupa no es esta pobre tipa, que a esta altura de su vida ya era inimputable. Era como esas abuelas que van por la vida con el dedito acusador disparando al primer objetivo que se les cruce. Lo peor es lo que contaba al principio: no es exclusividad de la edad. No necesariamente las viejas reventadas tienen muchos años. Las otras escenas que conté involucran a personas de mi generación.

Más hijos no las hacen mejores mamás, chicas. Lo que las hace mejores mamás es que sean mejores personas. Pienso en qué tipo de mamás queremos ser, si permanentemente estamos criticando, marcando diferencias, creyéndonos superiores o simplemente menospreciando el maternar ajeno.

Nuestros hijos nos ven, nos escuchan, nos perciben. Serán lo que deban ser, o serán como nosotros.

“Todo el mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos… Cuando lo que debería pensar es en dejar mejores hijos para el planeta”.

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Derecho a elegir

Hace algunas semanas fue la “Semana del parto respetado”, por lo que hubo un montón de información al respecto.

Personalmente, no tengo una postura muy radicalizada en relación con el tema del parto. Siempre prefiero el parto natural, entiendo que es en la mayoría de los casos la mejor opción para mi forma de ver las cosas, pero también soy absolutamente consciente de que no siempre se puede.

Tengo una fe ciega en mi obstetra y todo su equipo, y además sé en particular que ellos mismos son partidarios del parto natural aún en casos de complejidad. Pero en mi primer embarazo, por la forma en que se dieron las cosas, no fue posible. Había roto bolsa y el niño se había desencajado del canal, así que de forma poco riesgosa no había nada por hacer. El camino más adecuado era la cesárea y así fue. No me sentí menos madre, ni sentí una especial frustración, a pesar de que me había preparado para el parto normal.

En este embarazo el parto natural sigue siendo la primera opción, pero tampoco me niego a que si el equipo de profesionales que me atiende considera más viable la opción quirúrgica así será.

Creo en el progreso de las ciencias médicas, no le cierro la puerta al siglo XXI, y no me resisto a la institucionalización de la vida en sociedad. Si mis antepasadas no iban al sanatorio, parían de pie, o en sus casas, o etc., en mi opinión la medicina bien ejercida nos permite minimizar ciertos riesgos que redujeron las tasas de mortalidad de aquellas épocas.

Es mi opinión, basada en mi propia experiencia personal, no juzgo a nadie, y nadie debería juzgarme.

Con la lactancia me pasa algo parecido: tengo una idea muy clara de cuál es, para mí y para mis hijos, el mejor modelo alimentario: lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y luego lactancia materna prolongada lo máximo posible, que en el caso de Alvarito se extendió hasta el año. Tengo profundamente estudiados los beneficios, y además con Alvarito los pude comprobar.

Respeto a quienes por las razones que sean basan la alimentación de sus hijos en opciones diferentes. Tampoco me gusta opinar sobre las elecciones en este campo, y odio cuando opinan sobre mí. Hemos tenido que soportar cuestionamientos varios del entorno sobre este tema, y gracias a este tema desarrollé la estrategia que mejores resultados me da en temas de maternidad: ante cualquier crítica, saco la mejor cara de naba que tengo (que es la que mejor me sale) y digo “Ah, mirá, no sabía” (lo recomiendo altamente, señoras mamás).

Después llega la polémica por el tema del colecho. Que sí, que no, que se malcrían, que se hacen mañosos, que desarrollan mejor la confianza y seguridad en sí mismos, que los volvés dependientes, que nos los sacás nunca más. Cada niño es único, cada familia es única, y por lo tanto no hay ninguna opinión que sea válida universalmente. Yo estaba 100% en contra, pero luego en determinadas situaciones descubrí lo bien que le hacía a mi bebé sentirse contenido y protegido por los brazos de mamá. Fueron momentos puntuales, y nada impidió que mi niño siguiera durmiendo toda la noche en su propia cama por regla general.

Otro tema: que si mamá trabaja, si se queda en casa, si se va todo el día, si está con el bebé 7×24. Si encima es mona, elegante y arreglada, o si se dejó estar y tiene miles de kilos de más. En fin, estamos las malas madres desapegadas y egoístas enfrentadas con las amas de casa con ruleros que no hacen nada y encima se quejan.

Lo que quiero decir con esto es bien claro: cierto tipo de decisiones, es decir las que no afectan temas de salud pública, deben ser tomadas puertas adentro en cada hogar y ni siquiera los pediatras deberían tener la opinión definitiva o concluyente. Cada familia sabe lo que considera mejor, y cada mamá sabe qué tipo de mamá quiere o puede ser (¡y qué tipo de mujer!).

Opinar sobre las elecciones, decisiones y posibilidades ajenas me parece de una mala leche tremenda. No digo que no lo hagamos, porque no lo podemos evitar aunque vivamos diciendo que aprendimos la lección desde que nos convertimos en mamás.

Pero tratemos de tener presente todo el tiempo la bronca que sentimos cuando otros/as nos critican, así no hacemos lo mismo a la primera oportunidad que tengamos.

Visto y oído: “Si los que me critican supieran lo que yo realmente pienso de ellos, me criticarían mucho más”.

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