Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Give peace a chance

2016-02-24 11.18.02Con Alvarito tuvimos suerte. Hace tiempo ya que está escolarizado y tiene además miles de actividades, y hasta ahora nunca se cruzó con ningún par especialmente violento, desagradable, o maleducado. Tampoco le pasó que lo hayan tomado de punto. Oremos.

Con Gerva, en cambio, estamos expectantes. El grupo que le tocó en Iniciación deportiva en el club no es muy lindo. De hecho me desagrada bastante, al punto que me estoy planteando sacarlo.

Y en el jardín el grupo es bastante lindo, pero son todos segundos o terceros hijos porque es la salita de los que entraron con prioridad de hermanos.

En el club hay un nene en particular que ya se ocupó de surtir a todos, y si bien las profes tienen la situación bastante controlada estoy un poco incómoda.

En el jardín, la adaptación nos costó más de 40 días, así que no estábamos muy pendientes de este tema. Pero justo ayer, el primer día que se quedó solo y relajado, sin llorar, a la tarde me habló varias veces de un nene que no le gusta porque le pega y lo empuja. Hasta me dice el nombre, así que lo tiene bien presente.

Estuve toda la tarde y la noche pensando bien qué hacer. Cuando le pregunté a Gerva qué hacía él, me contestó varias veces que le grita que no y se va a otro lado… “Como vos me enseñaste”, me dice. Esta mañana al despertarse se puso a practicar su reacción: “No, vos sos malo, chau”, lo escuché decir.

Tiene 2 años. Me desvelé redactando mentalmente una nota que iba a mandarles a las maestras. Pensaba decirles que él me había contado angustiado que había un nene que le pegaba, que estaba segura de que son cosas de la edad y por eso me guardaba el nombre, pero que quería compartirlo con ellas para que presten atención por si hay algo que debamos trabajar en casa. No descarto en ningún momento que el conflicto sea de a dos. La mayoría de las veces, en circunstancias normales, lo es. Es decir, no pongo a G en el lugar de víctima, al menos por ahora.

Pero al final decidí que no. Me gustó mucho la forma de procesar el tema que vi en Gerva así que por ahora voy a estar pendiente. Al fin y al cabo es lo que yo le enseñé, así que voy a tener fe en que esa confianza en sí mismo que tan bien lo define le permita superar el mal momento por sus propios medios.

Después de todo, la paz es el camino que elegimos siempre en casa, aunque sea más largo y menos efectivo a corto plazo.

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Cultivo una rosa blanca

“No se preocupe, señora. Los niños son el fiel reflejo del hogar”. Así le contestó a mamá una maestra que tuve en 3°, 4° y 7° grado, cuando le consultó por una preocupación que ahora no logro recordar (y que ahora no viene al caso). Así, clarito y contundente. Los niños replican lo que ven y lo que les enseñan.

Mis papás siempre tuvieron muy buen concepto en nuestros colegios, clubes y demás. Dentro de las memorias más entrañables de mi infancia, recuerdo que muy seguido alguien le decía a mamá “Te felicito, Silvia. ¡Qué bien se portan tus hijos!”. Recuerdo también la imagen de mamá respirando hondo para inflar el pecho de orgullo en uno de los gestos más característicos de su lenguaje corporal.

Conforme fuimos creciendo, cada uno de nosotros se ha metido en sus propios líos, pero a medida que pasaron los años se puede decir que los cuatro encontramos un futuro al cual volver.

Es increíble, pero ahora mi nene y todos los hijos de mis hermanos se comportan divinamente. Parecería que en esto también la genética fue implacable, no?

Hace unos días fuimos a un cumple infantil. Del hijo de unos amigos nuestros, que a pesar de que sus papás reconocen que es travieso, la verdad es que todas las veces que lo he visto es un solcito. Como muchos (por no arriesgarme a decir todos) los hijos de nuestros amigos más cercanos. Me gusta.

Había un niño, desconocido para mí, que en cuanto lo vio llegar a Alvarito se acercó para meterle un empujón y acosarlo un rato importante, con piñas y sacudones incluidos. El Doc y yo no sabíamos muy bien qué hacer, mucho menos cuando vimos que al lado la madre estaba mirando la escena con actitud displicente.

Como pude liberé a mi hijo de la situación, aunque cada tanto el pequeño volvía a meterse con mi niño. Álvaro no está acostumbrado a estas cosas. Tiene una vida tranquila, en casa no somos violentos ni miramos tele violenta, ni le compramos armas de juguete, ni nada parecido. Gracias a Dios, en el kinder tampoco tiene ningún compañerito violento.

Me desconcertó mucho. Más que el mocoso, la madre, a quien yo no conocía ni sabía quién era. Para colmo, cuando ya había pasado un buen rato, encuentro al niño, cuyo padre y hermano varios años mayor le estaban enseñando a voltear a piñas y patadas un muñeco inflable. Yo no lo podía creer.

Pero me di cuenta de por qué estos pequeñajos son así de violentos y agresivos desde tan chiquitos.

Tenía razón la Srita. Norma. Es decir, preocúpese, señora, su niño es el fiel reflejo de su hogar.

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