Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Oops, I did it again

Quien alguna vez haya tenido que lidiar con alergias alimenticias va a saber de qué vengo a hablar. Es una misión tediosa, y prácticamente imposible, reducir a cero al exposición a los alergenos.

Vivimos en un mundo industrializado. Es obvia la afirmación, pero no siempre tenemos conciencia de las implicancias.

Estamos todos involucrados muy activamente, no estoy sola en este tema. Toda la familia está pendiente de lo que puedo y lo que no puedo comer para que el pequeño G no quede expuesto a la proteína de la leche de vaca. En mi casa, en casa de los abuelos, todo el mundo está embarcado en la epopeya de que yo no coma nada que pueda afectarlo por su APLV.

Y sin embargo, cada tanto hay algún desliz. No es que me olvide y me coma un yogurth. Es que realmente el mundo es una enorme vaca lechera, y aun lo que no contiene leche puede haber sido elaborado en máquinas donde se hayan procesado lácteos.

Tengo opciones seguras. En horario de almuerzo voy a un fast food vegano, así que me siento muy confiada en que no voy a tener problemas. En casa casi nunca estoy expuesta, salvo que de algún producto impensado nos olvidemos de leer la etiqueta (puf!). El tema es ir a comer fuera de casa. Aunque sea en familia. Es muy difícil entender el concepto de trazas, por lo que aun cuando me juren y perjuren que no usaron manteca, queso, bla bla bla, siempre piso el palito. ¡Aun cuando me preparan comida especial!

Lo que me angustia sobremanera es que cada nuevo episodio es mil veces más violento que el anterior.

A través de la leche materna se recibe el 1/1000000 (es decir, una millonésima parte) de las sustancias que consume mamá, así que no puedo imaginarme lo que va a suceder cuando mi pequeño G comience a incorporar alimentos.

Por supuesto que  para él ya tengo vajilla exclusiva de toda exclusividad. Por supuesto que se supone que yo voy a tener control absoluto de lo que vaya a comer. Pero la verdad sea dicha: la cercanía de la etapa de la vida en que los bebitos comienzan a comer sólidos no me ilusiona. No quiero que llegue ese momento. No puedo soportar el monstruo de cuatro cabezas que nos acecha y que ya está a la vuelta de la esquina.

Ni Baby Lead Weaning, ni Carlos González, ni nada. Nada puede salvarme.

Así que mis estimad@s, por esta vez, en lo que se refiere al pequeño G, que el niño no me coma, por favor.

3 comentarios »

Parte 2

descargaConfirmado: es alergia a la proteína de la leche de vaca nomás lo que hace sufrir a mi hijito, a.k.a. APLV. «Tiene hocico negro, mueve la cola y ladra», me dijo el alergista. «Podría ser un lobo, pero asumamos que es un perro», fue el remate.

No voy a perder muchos caracteres hablando del famoso cliché: Mommy knows best. Lo supe desde el mismísimo momento en que el pobre chiquito recibió una bocanada de veneno en la primera teta que le di después de uno de mis famosos desayunos lácteos. Odio la leche, pero necesito calcio como el aire que respiro y necesito probióticos como las vacaciones, así que mi dieta tiene muchos lácteos no leche. Damn it.

Otra vez.

Lo bueno que viene teniendo todo esto, es que reafirmo mi autoconfianza. Soy lo mejor que les puede pasar a mis hijos. Y esto en sí mismo es un subproducto nada despreciable para una working mom.

Alvarito, mi primer hijo, mi gran amor, vino a expiar todas mis culpas. O a diluirlas. O a dismimularlas. Elige tu propia aventura. Pero Gervasio, mi pequeño G, vino para volverlas a traer, para redimensionarlas, para resignificarlas, para potenciarlas. Porque hoy ya no soy yo. Y sólo desde el lugar de primeriza por segunda vez se pueden atravesar todas estas sensaciones. En mi primera primerizatez no hubiera podido soportar tanta provocación.

Así que ahora me toca pagar todo el daño que repartí en esta y mis otras vidas. Es increíble, pero la paga es casi literal. Si complicaste mucho la paciencia con trastornos alimenticios, ahora bancate una DG y una APLV. Si te creías muy canchera con que todo lo podías, aguantate que la nanny se tome 1 mes y medio de vacaciones sin consensuar previamente contigo. Si eras la gran paseandera, a ver cómo hacés con los chiquitos en el medio de esta ola de calor. Ah, y por supuesto, todo combo necesita sus aditivos: choquemos el auto, o que después de arreglado tenga problemas la batería. Más de lo mismo, a veces la vida nos da un par de cachetazos cuando la soberbia está a punto de llevarnos puestos.

Así que ladies & gentlemen, deseenme suerte para esta semana que comienza, porque ciertamente la voy a necesitar. Ahí nos vemos.

 

10 comentarios »

Somos lo que comemos

Mis hábitos alimenticios son patéticos. Soy desordenada, como poco y mal, incorporo poca variedad y no me fijo en la procedencia de los alimentos. Soy el típico exponente de clase media laburante de las grandes ciudades. Y no me tomo (ni me tomaré) la molestia de entrar en ninguna de estas movidas new age o naturistas que tan de moda están. No porque no esté de acuerdo, sino porque en temas de alimentación soy básicamente vaga y dedico poco tiempo al tema. Esto lo pagué caro muchas veces en mi vida, y me sigue pasando.

Durante el segundo embarazo sufrí la falsa diabetes gestacional, que aunque en dos días ya estaba descartada igualmente eliminé la ingesta de dulces y mantuve una ingesta de hidratos de carbono muy reducida y controlada. ¡Honestamente me costó muchísimo!

Nunca pienso tanto en lo que como, así que estar todo el tiempo pendiente de qué, cómo, cuándo y dónde comer me estresa sobremanera. El nacimiento del pequeño G fue un alivio en ese sentido. Enseguida volví a tener una relación mucho más espontánea con la comida, hasta que detecté que el pobrecito sufre mucho cuando yo como lácteos. Le dan muchos gases y dolor de panza. En cuanto me di cuenta, suprimí los lácteos y ese mismo día ya no tuvo más molestias, así que claramente había encontrando el origen del problema. Pero para mí es una pésima noticia: otra vez me obligan las circunstancias a ocuparme de mi alimentación, suprimiendo cosas que son la base de mi dieta. Y ahora con implicancias mayores: la lactancia sin ingesta de calcio puede llegar a causar estragos en mi cuerpo, así que mejor que me ocupe del tema. Consulté por ahí, y me dieron miles de datos, tips y recetas. Okay, re buenos, pero esto me obliga a ir especialmente a comprar alimentos que hasta hoy no formaban parte de mi vida, prepararlos de determinadas maneras y comerlos según la indicación. En fin, yo no soy constante en estos temas, así que veremos cuánto me dura.

Por estos días ya tengo visita al alergista especialista en APLV, ya que de tanto consultar por ahí llegué a la conclusión de que hay una alta probabilidad de que eso sea lo que le está pasando a mi bebito. Habrá que confirmar o descartar. Confirmar sería un desastre, descartar también porque habría que seguir buscando qué es lo que como cada tanto que le causa estragos en 3 micro segundos después de tomar la teta.

Y también está toda la movida de la alimentación de los niños. Desde que Alvarito dejó a los 6 meses la LME y comenzamos a incorporar otros alimentos a su dieta, nos propusimos intentar que comiera básicamente cualquier cosa. Que pueda adaptarse, en principio, a cualquier mesa sin problema. Nosotros compramos la comida en el supermercado, y tenemos poco tiempo, así que pensar en un rally naturista para preparar alimentos que ni sé qué son no cabía en mi forma de relacionarme con la comida. Sé que el tema de pesticidas, agroquímicos, conservantes y no sé qué otras cosas más es muy serio, pero por otro lado siento que este es el mundo en que vivimos. Por alguna razón siento que si no acostumbro a mis hijos a comer la comida que come todo el mundo van a tener problemas de adaptación el día de mañana. Veo niños (y adultos) con mil vueltas cuando se los invita a comer, y recuerdo que yo misma fui ininvitable durante muchos años. Y no quisiera eso para mis niños.

De alguna manera la historia de la humanidad se fue desenvolviendo entre crisis de alimentos marcadas por la lucha del hombre por su supervivencia, y no quiero perder de vista que el hecho de que siempre sobrevive el más apto. En el sentido más literal, pero también en sentido más amplio. Creo que lo mejor que puedo hacer por mis niños es levantarles barreras, no imponerles restricciones, aunque en temas alimenticios no estoy muy segura de cuál sea el equilibrio. Da para mucho.

El otro problema que tengo es que Alvarito no come bien. Yo venía en una actitud muy relajada, en el sentido de que me propuse que de ninguna manera en mi casa va a haber peleas por la comida. Así que básicamente me decía a mí misma que si no quiere comer que no coma. Que cuando necesite va a comer. Pero el tema es que se agarró uno o dos alimentos fetiche y de ahí no lo saqué más desde que nació su hermanito (que infelizmente coincidió también con que la nanny se fue de vacaciones). Pero en el control con el pediatra de hace 10 días quedamos en observación por el problema del bajo peso. Nos fuimos unos días de vacaciones, que sirvieron para que Alvarito consumiera tantas energías que comenzó a comer muy bien.

Así que ahora de regreso estoy intentando mantener algo de ese ritmo, pero necesariamente esto requiere un despliegue de creatividad nunca visto. Colores, formas, lugares, programas. Todo sea por la próxima audiencia con el pediatra. Consulta, perdón.

2014-01-15 12.46.52

4 comentarios »

A %d blogueros les gusta esto: