Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Cien veces ‘no puedo’

descargaMe gusta el ritmo de vida que llevo. Me gusta mi trabajo, me gusta ser mamá full time aun trabajando full time, me gusta hacer actividades extra. Me gusta lo que hago. Pero a veces, una vez al año más o menos, siento que mi cuerpo y mi mente me piden que pare la moto.

Entonces me doy cuenta: no puedo. Soy rehén de mi propia vida. No es que sea imprescindible, desde ya. Se puede prescindir de mí. Pero mientras yo esté tengo que ocuparme de todo lo que tengo que ocuparme.

Cada día de mi vida es un cronómetro perfecto que funciona con exactitud suiza, y no me da margen. No es que me queje, porque es lo que elijo, pero siento el conflicto de estar arrastrando a mi familia a un ritmo febril.

Alvarito no para un minuto. Tiene horarios desde que se levanta hasta que se va a dormir, hace cien mil cosas y en los albores de sus tres años tiene una agenda mucho más nutrida que muchos adultos.

Es el tiempo en que vivimos, me digo y me repito. Pero ese único día al año en que quisiera parar, quisiera arrastrarlo también a él a mi parate.

Pero no puedo. Quisiera, pero no puedo.

Esto me conflictúa porque hoy crecí. Crecí de golpe. Me golpeó la realidad con la partida de alguien que estuvo presente en cada etapa de mi vida. Hasta hace cuatro años cada momento trágico y cada etapa de resplandor estuvo y estará para siempre marcada por alguna de sus canciones. Hoy somos toda una generación que le dice adiós para siempre a la infancia y a la adolescencia. A la inmadurez. De golpe me enfrento a mi propia adultez. A la certeza de lo que no vuelve. A lo implacable del tiempo.

Demasiado metafísico es lo que estoy diciendo, pero sentí fuerte el golpe en la nuca.

Poder decir adiós es crecer.

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