Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

Nunca es tarde

2015-06-16 23.44.14El pequeño G tiene una lagrimita muy simpática en su mejilla derecha, que le da un halo de magia. Aunque realidad se trata de una (leve) obstrucción del lagrimal.

Esta mañana lo llevamos a nuestro oftalmólogo de confianza (absoluta), con la preocupación de habernos ocupado del tema después de cumplido el año, ya que se supone que antes de eso hubiera habido unas cuantas medidas que hubieran ayudado a desobstruir el lagrimal. “Hubiera”…

Además de bajarnos mucho la ansiedad (¡al fin uno!), algo que nos dijo es que tampoco es que hubiéramos logrado tanto. Tampoco es que habíamos perdido la oportunidad única de solucionar un problema vital. Tampoco es que nunca íbamos a recuperar el tiempo perdido.

Cuento esta anécdota porque justo en estos días tuve una revelación que para mí fue un antes y un después en mi relación con mis hijos: Nunca es tarde.

Para nada. Los hijos tienen la maravillosa capacidad de darnos una, dos, cien mil oportunidades de corregir nuestros errores y empezar a hacer las cosas bien. Asumiendo que tenemos las mejores intenciones, y suponiendo que nos tomamos el trabajo de replantearnos siempre nuestra forma de maternar (y de paternar), y que aceptamos el desafío de cuestionarnos permanentemente, siempre podemos aplicar cambios en favor de nuestros hijos.

Ellos van a notar la diferencia enseguida, y enseguida nos lo van a hacer notar. Y cuando digo enseguida, lo digo literalmente. Enseguida.

Este libro que estoy leyendo habla de cómo resignificar nuestra historia vital y nuestras cuestiones no resueltas para no trasladárselas a ellos, y para poder forjar con ellos un vínculo sano, libre de nuestro pasado. Lo que los autores llaman un relato coherente.

Me gusta más el título original: “Parenting from the Inside Out: How a Deeper Self-Understanding Can Help You Raise Children Who Thrive“.

Habla mucho del apego seguro, y da pautas para justamente poder brindar apego seguro a nuestros pequeños. Pero también explica que el apego seguro aun si no se tuvo de chico se puede lograr siendo adulto, transitando un camino de autocomprensión y coherencia sobre nosotros mismos.

Nunca leo este tipo de literatura, pero cuando lo compré estaba encarando un tema en particular sobre mí misma y me ayudó mucho a resignificarme y resignificarnos como familia.

Con el pequeño G puedo esperar todavía un par de meses antes de decidir si vamos a aplicar el procedimiento para desobstruir el lagrimal. Y con ambos niños siempre tenemos tiempo para desandar el camino andado y tomar otro rumbo.

A veces para dar un paso adelante primero hay que dar dos para atrás.

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Detox

Hace dos semanas asumí de golpe la responsabilidad de hacer grandes cambios de hábito en casa. La diaria nos va llevando, y muchas veces la inercia no nos deja ver las cosas que no van bien.

En eso estábamos, y de golpe me encontré con que nuestros hábitos alimenticios eran desastrosos, nuestra rutina familiar en torno a la alimentación estaba muy descontrolada, y los chicos ya estaban haciendo cualquiera, en ausencia de un marco de referencia que los (nos) contuviera.

Así que de golpe tomé la decisión: me senté frente a la computadora, investigué algunos tips básicos de nutricion infantil, incorporé las rutinas que nos exigen en el cole de Alvarito en cuanto a meriendas saludables, y armé un programa detallado de lunes a viernes con todas las comidas y colaciones. El plan que armé ya viene con la lista de compras (aplausos para mí por favor).

La semana pasada lo implementamos, y junto con ese plan vino un cambio de costumbre: a partir de ahora nos sentamos todos juntos y cenamos todos lo mismo. Lo que nos estaba pasando es que por esperar a cenar una vez que los chicos se acostaran a dormir la realidad es que hacía unos cuantos meses que el Doc y yo ya no estábamos cenando. Un desastre.

Nos está yendo muy bien. Los chicos aceptaron pacíficamente el cambio, y se re coparon. Comemos en la mesa del comedor, con toda la vajilla completa y compartimos cenas familiares de verdad. El resultado fue que los chicos comenzaron a aceptar más tranquilamente el momento de bañarse y a dormir, y pudimos volver a acomodar los horarios a pesar de lo torturante que es para nosotros el turno tarde.

Otra cosa que hice fue limitar el uso de la tablet por parte de Alvarito. Estaba como obsesionado con Youtube, al punto que pasaba de un video a otro y entró en esa dinámica perversa en que un video lo llevaba a otro, y ese a otro hasta llegar a videos sobre juguetes que no eran otra cosa que una publicidad, por lo que se estaba volviendo adicto a youtubers de Croacia, Islandia, Japón y China. Así que decreté que desde ahora sólo los sábados se pueden mirar “videos”. Ya lo sabe, y ya se adaptó. Volvió a jugar a las cosas que más le gustan, que son los números, las letras, los bloques de construcción y hacer dibujos para toda la familia.

Ya sobre el final de la semana, además, me di cuenta de otro problema más: los adultos y el celular. Me privé a mí misma del celular en la cena, y conforme avanzaban los días tuve ratos más largos de abstinencia, hasta que llegué a no usar el teléfono desde el viernes a la tarde hasta hoy lunes. Cero whatsapp, cero mails, cero cero de todo. Si bien siempre tuve la política de no estar en el celular cuando estoy con los chicos, esta vez fui más allá y directamente no lo usé para nada.

Pasamos un fin de semana espectacular, en familia, disfrutamos un montón de vida familiar, nos conectamos mucho entre nosotros… La cosa va tomando otro color.

Una cosa que pienso ahora es que finalmente no es tan complicado. Son pequeños grandes cambios que hacen a mejorar la calidad de vida familiar.

Acá paso algunos links relacionados para quien le interesen. Si alguien tiene más material, ¡plis compartan!

9 Things Successful People Do Right Before Bed

6 Tips for a Technology Detox

Helping Your Kids Develop Creativity & A Lifelong Love of Learning

Menú semanal infantil para aprender a comer sano

Menús saludables

 

Alguien me pidió que comparta un ejemplo de menú semanal de los que hago en casa, así que ahí va:

menu semanal

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Mamá de varones

No creo en la igualdad. Creo en la equidad.

No me parece que mujeres y varones seamos iguales. Al menos, no para todo, no en todo momento, no en todo contexto ni en todo lugar. Fisiológicamente ya somos distintos, partimos de esa base.

Sí creo que podemos, y debemos, estar al mismo nivel. No es lo mismo, pero es igual, como dice el poeta. ¿Es sutil la diferencia? No creo.

Arranco con esta disgresión semántica porque me parece que si como mamás y papás de varones no nos hacemos cargo de la enorme responsabilidad que debemos afrontar, mal podemos pedir en el afuera que se generen grandes cambios.

El problema de género, y de la profunda violencia que entraña, es cotidiano. Nos atraviesa. A todos. Está instalado en nuestras vidas. Ya dijo hace poco @piquinauta que Todas somos Laura Palmer. No puedo estar más de acuerdo. Yo agrego que eventualmente todas podríamos llegar a ser la mamá del papá de Laura Palmer, de la pareja de Wanda Taddei, del noviecito de Chiara… La lista sigue.

Se trata de un gen cultural que está entre nosotros. La buena noticia es que está en nosotros cambiarlo. La mala es que estamos super atomizados.

Supongamos por un momento que podemos instalar un hashtag y hacer que #NiUnaMenos funcione. Mi enorme duda es qué hacemos en cada una de nuestras casas, puertas adentro, antes de salir a pedir grandilocuentemente que las autoridades hagan algo. ¿Qué hacemos nosotros para revertir esta realidad?

Crecí en un matriarcado. Esto me dio una perspectiva de género bastante poco amenazante. Nunca me sentí en inferioridad de condiciones, a decir verdad. Sí me pasó en otra vida laburando como economista que un jefe me pidiera que le sirva café. U otro que me sugería “hacer ojitos”. U otro que opinaba sobre mis atuendos. Y convengamos que esto nunca debió haber sucedido.

Hoy, desde hace muchos años, tengo la suerte de trabajar en ámbitos en que ser mujer o varón es un dato irrelevante. Y sin embargo la maternidad me volvió a mostrar la perspectiva de género. En primer lugar, porque son diferentes las necesidades de unas y otros. Y en segundo lugar porque me di cuenta de lo que pasa en el mercado laboral en edad fértil. Ya hablé sobre el tema en mi anterior post.

Pero otra cosa que me pasó es que pronto vi que como mamá de varones tengo la posibilidad de influir, al menos en mi pequeño mundo. Me puse a pensar en cosas de la vida cotidiana que hacen a la cuestión.

  • ¿Qué recursos les damos a nuestros hijos para enfrentar situaciones violentas? En mi casa la consigna era nunca pegar, pero si te pegan defendete. Pues bien, ahora como mamá estoy en contra de esto. Creo que sería mejor si lograra enseñarles a correrse del conflicto. El desafío es enseñar a usar la palabra como medio para superar los conflictos.
  • ¿Cómo es el balance de “poder” en nuestros hogares? Hagamos valer la democracia. No a las luchas de poder, sean económicas, sean por el reparto de tareas. Creo en la división del trabajo, no es que propongo que todos juntos lavemos los platos. Propongo que sea indistinto quién lo hace.
  • ¿Cómo nos relacionamos con las personas que trabajan con nosotros? Intentemos ser siempre respetuosos del trabajo propio y ajeno. Intentemos que nuestros hijos valoren al otro independientemente del lugar que ocupen. Intentemos no hacer valer nuestras credenciales, sino nuestros valores como personas. El gran desafío es que nuestros hijos perciban la equidad como un valor supremo y transversal. En cuanto a género, en cuanto a contexto socio-económico, en cuanto a origen.
  • ¿Qué cosas decimos delante de nuestros hijos? Muchas veces, casi todo el tiempo, tenemos conversaciones sobre temas “de grandes” y hacemos juicios de valor sin darnos cuenta de que ellos nos miran todo el tiempo. Son esponjas y nos siguen como modelo. No importa si nos estamos dirigiendo o no a ellos. Ellos nos están mirando. Hace unos días Marian y yo estábamos hablando de una persona y yo dije “a mí me parece inteligente. Y las veces que lo traté fue buena onda”. Alvarito, que estaba totalmente en otra, levantó la mirada y me dijo “¿quién es inteligente y buena onda, yo mamá?”. Cuento esto por no contar las veces que destrozamos a otro con críticas (“¿quién es un hijo de p…, mamá?). El desafio es entender que la crítica no lleva a ningún lado, pero mucho menos delante de nuestros hijos.
  • A nuestros hijos varones, ¿les enseñamos valores de macho americano o les mostramos la importancia de registrar las emociones, ponerles nombre y trabajarlas? ¿Los llenamos de mimos y besos o les inculcamos que los hombres no lloran? ¿Les ayudamos a crecer seguros y confiados en sí mismos o les enseñamos que el otro es inferior? ¿Les prohibimos las cosas “de nenas” o los dejamos expresarse con naturalidad? ¿Los ponemos en competencia permanente o respetamos sus tiempos? ¿Qué cosas elogiamos en ellos? ¿Qué conductas fomentamos?

Insisto, no me parece que nenas y nenes sean iguales. No creo que la crianza sea la misma. Pero sí me parece que nuestros hijos varones deberían crecer sabiendo que estamos todos al mismo nivel. Que tenemos los mismos derechos. Y que tener los mismos derechos significa que a veces hay que respetar e incluso resaltar las diferencias. Porque todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros. En eso consiste la equidad.

Espero lograr algo, aunque sea una palabra de todo eso que me propongo. El 3 de junio probablemente vaya, pero el resto del tiempo me siento desafiada por la mirada de mis hijos varones. Porque para que no haya #NiUnaMenos, no debería haber ni uno más. Y eso es lo que tenemos que trabajar.

Aprovecho y comparto algo que me mostraron en estos días. Son los 19 mandamientos de María Montessori. Amé.

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