Apuntes de una rookie mom

Mamá de varones

(In)cultura urbana

en 14 de mayo de 2012

Dentro de todas las situaciones nuevas con que me voy encontrando desde mi (nueva) condición de mamá, algunas son felices, otras no tanto, y otras son lisa y llanamente desagradables.

Esta última categoría es la que inspira mi post de hoy.

Caminata

Más o menos desde el primer mes de vida de mi bebé, adoptamos la costumbre de salir a dar paseos con su cochecito, prácticamente todos los días. A mí me hace bien porque me despejo un poco y adopto una sana costumbre (¡me encanta caminar!), y está bueno para él porque cortamos un poco con el encierro del departamento y le permitimos recibir estímulos tempranos que contribuyen a su desarrollo.
Hasta acá todo muy lindo. El problema son las callecitas de Buenos Aires, que tienen ese no sé qué:

–          Veredas rotas. Todas.

–          Semáforos que no andan. Muchos.

–          Ciudadanos malintencionados que estacionan sus vehículos sin respetar la senda peatonal ni la rampa para discapacitados.

–          Gente que se pasea con sus perros dejando las veredas regadas de todo tipo de decoración, sin mencionar la cantidad de irresponsables que andan con sus tremendos perrotes sin ningún tipo de correa bozal, ni nada de lo que exige la ley.

Honestamente, el tema veredas rotas y semáforos descompuestos ya me tiene resignada. Uno se da cuenta de la verdadera gravedad cuando se encuentra en situación especialmente vulnerable (salir a pasear con mi bebé, me hace sentirme así).

Pero al tema de respetar las sendas peatonales y rampas, todavía no me adapto. Y vivo peleándome con taxistas que las usan para ascenso y descenso. Además, ya hice unas cuantas denuncias contra autos estacionados obstruyendo las rampas y/o las sendas peatonales (por suerte hay un procedimiento que permite, con todos los datos completos, canalizar la denuncia por correo electrónico).

Tema perros, me da asco y pánico. Me indigna la arbitrariedad con que los dueños deciden si sus perros son o no peligrosos. Hay una ley, la misma estipula claramente las condiciones, y nadie la cumple. En mi barrio hay un rottweiler y un ovejero alemán que, si se cumpliera la ley, no tendrían por qué andar sueltos. Y la verdad es que no tengo ganas de arriesgarme a que un día se rayen y salten encima de mi bebé. No debería ser yo quien se pelee con estos dos dueños maleducados.

¿Seré la única que sufre por estas cosas, o será que ya estamos muy acostumbrados a que todo el mundo haga la suya sin pensar en nadie más? Y noten que ni hablé en detalle de los problemas (obvios) que genera encontrarse con las veredas regadas de mugre sanitaria. “Tu perro, tu caca”.

Me pregunto cuándo será el día en que empecemos a respetarnos todos, comenzando por las pequeñas cosas cotidianas.

You may say I’m a dreamer” (John Lennon)

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